El amor verdadero es para gente valiente e inconformista

Cualquiera que estando a orillas de un riachuelo y que desee deleitarse con el agua pura y fresca del manantial, para poder llegar hasta él, tiene necesariamente que ir contra la corriente y marchar por un camino empinado.

Con el amor verdadero, por ser igualmente puro y fresco, sucede exactamente igual. Para poder disfrutar de una relacion amorosa auténtica, profunda y apasionada, los enamorados tienen, por lo general, tambien que ir contra rígidas normas y costumbres tanto de sus familias como de la sociedad, y además, estar dispuestos a vivir en algunas circunstancias difíciles o no tan cómodas.

El escritor francés François de La Rochefoucauld, quien vivió en el siglo XVIII, refiriéndose a la rareza de encontrar en esa época parejas que se amaran profundamente y con todo su corazón, dijo: “El verdadero amor es como los espíritus: todos hablan de ellos, pero pocos los han visto».

La gran mayoría de las personas se enamoran en algún momento de su vida, y llegan por lo tanto a sentir, cómo el espíritu del amor-pasión dentro de su ser, brota impetuoso y fluye como un manantial, y en consecuencia, viven interiormente esa experiencia única y maravillosa que es el enamoramiento, pero, debido a diversos temores que les asaltan, refrenan sus sentimientos y tras amarga lucha interior terminan por aplacarlos gradualmente.

Entre los miedos a la pasión del amor puro, existen unos bien fundados como el temor al sufrimiento de no ser correspondido o de ser engañado, es decir, circunstancias que están fuera de su poder de acción y que hacen irrealizable la vivencia del amor aunque sea ese su más ardiente deseo; y existen otros que son actualmente los más frecuentes, aquellos generados por la  poderosa influencia que ejerce el medio socioeconómico y cultural que nos rodea, como el miedo de disgustar a la familia, el de contrariar las exigencias de la clase social, y aún más  a menudo, el temor a sacrificar un acomodado y fácil estilo de vida que le puede proporcionar otro pretendiente más adinerado y de una mejor formación profesional.

Muchas personas que no son capaces de vencer esos miedos y que tienden a conformarse gustosamente con los convencionalismos sociales,  prefieren reprimir sus genuinos sentimientos y taponar su propio manantial de agua rica y pristina, para después tener al final de cuentas que contentarse con beber un agua revuelta y terrosa, satisfaciendo sólo a medias su sed de amor, pero eso sí, dándose sus gustos materiales preferidos.

Es perfectamente comprensible en la Francia de hace 300 años, que el señor de la Rochefoucauld no haya visto muchas relaciones de felices enamorados, ya que las severas normas morales y hábitos sociales que imponían a sangre y fuego la iglesia católica y la sociedad vigente, sencillamente no lo permitian, y por eso la mayoría de los enamorados tanto hombres como mujeres, tenían más que razón y les correspondía el derecho de lamentarse por la falta de libertad personal.

Por eso llama tanto la atención el hecho, de que justamente hoy en día, cuando disponen los individuos, y de manera muy particular las mujeres en el ámbito sentimental, de una libertad personal tan enorme, para elegir entre una amplísima gama de opciones y para expresar sus sentimientos y opiniones en diversas maneras,  por un lado se sigan viendo relativamente pocos felices enamorados,  y por el otro lado, se vean tantas relaciones matrimoniales por conveniencia y como  resultado lógico, tantas parejas infelices y divorciadas.

Situación ésta que me hace pensar en el la tremenda vigencia, que tiene todavía el viejo refrán popular: “El amor y el interés se fueron al campo un día, pero más pudo el interés que el amor que le tenía.”

Platón en la antigua Grecia, hablando del amor puro, dijo una vez: “No hay hombre tan cobarde a quién el amor no haga valiente y transforme en un héroe.”

De ahí se puede derivar, que el dejarse guiar por los sentimientos amorosos puros es efectivamente un acto de heroísmo, lo cual explica claramente entonces, que sean muy pocas las parejas verdaderamente enamoradas, que se logran ver hoy en día entre nosotros.

Sin embargo, el amor espiritual o verdadero como potencia divina que viene de Dios Todopoderoso, continúa  actuando y soplando como viento espiritual sobre su amada Humanidad,  y sigue llevando consigo esa maravillosa fuerza transformadora de voluntades, en la búsqueda de corazones que lo reciban gustosamente y le permitan hacer brotar el manantial de ese amor que tan magistralmente describe el apóstol Pablo en su Epístola a los Corintios Cap. 13, 4-7:

El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.  El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Ése es el amor de los felices enamorados que son tan difícil de ver entre nosotros, ése es el amor que envalentona a los cobardes, el mismo que fabrica a los que podríamos llamar: héroes del amor.

Termino con una frase de Santa Teresa de Jesús, que tiene mucha médula y sustancia, de la cual deberíamos de nutrirnos más, nosotros que vivimos en una sociedad tan entregada al argumento racional y utilitario:

Lo provechoso para el alma no está en pensar mucho, sino en amar mucho.

El amor de Dios devuelve la belleza al alma

La frase que hace de título es una esclarecida y certera afirmación de Agustín de Hipona, uno de los grandes doctores de la iglesia cristiana, quién con su genial talento y su extraordinaria sensibilidad espiritual, supo captar e interpretar con exepcional tino el mensaje de las Sagradas Escrituras como ningún otro teólogo, lo cual le permitió aclarar a la Humanidad muchos misterios revelados en la Biblia y ponerlos al alcance de generaciones de creyentes cristianos ordinarios, como tú y yo.

Agustín después de haber meditado profundamente sobre la caridad o amor verdadero, logró llegar a la conclusión de que el amor es la cualidad espiritual por excelencia que le transmite la belleza al alma humana, y así lo manifestó a sus oyentes en uno de sus sermones, con la siguiente sentencia:

 “La belleza crece en ti en la misma proporción en que crece tu amor, puesto que el amor mismo es la belleza del alma.”

Agustín define al amor como el ingrediente indispensable que hace crecer o aumentar la belleza, hermosura o atractivo en un ser humano de una manera efectiva y duradera. En sentido figurado podríamos comparar el efecto del amor sobre la belleza del alma, con el efecto inmediato del aire cuando se sopla en un globo y le hace aumentar de tamaño.

Entre más capaz sea una persona de amar al prójimo como así mismo, más digna será esa persona de ser amada por los demás. El amor es un arte que hay que aprenderlo amando. Es necesario amar a alguien para aprender el arte de amar.
Es a partir del momento del nacimiento, en que se inicia el proceso de aprendizaje de amar en el niño, quien amando a su madre porque lo ama, alimenta y cuida con esmero, va aprendiendo a amar de ese modo.

Con cada día que pasa en contacto con su madre, el niño va desarrollando y fortaleciendo su capacidad de amar, así su amor va creciendo cada vez más hasta alcanzar ese amor incondicional y vigoroso con el que llegan a amar a sus padres, hermanos y demás familiares que conviven con él. Y en la medida que va creciendo el amor en el niño, en esa misma medida crece la belleza de su alma, la cual le transmite a los niños pequeños su cualidades características:  alegría, graciosidad, ternura, dulzura, encanto y bondad, en resumen, la belleza natural de los infantes.

Los niños pequeños con su enorme capacidad de amar, pareciera que pueden tejer a su alrededor una gran telaraña invisible de amor en la que se queda prendido todo cuanto pasa cerca: joven, anciano, vecina, amiga; así como se lo imaginó en una oportunidad el gran escritor ruso León Tolstoi.

Es tan notorio y lógico el enunciado de San Agustín, que se podría expresar incluso por medio de la siguiente fórmula:

más amor = más belleza del alma = más belleza de la persona

La conclusión que se deriva de esta fórmula es muy clara: Si deseamos ser amados, primero tenemos nosotros que ser capaces de amar.

¿Estas tú mujer amando suficiente en la actualidad o estas más bien ambicionando poseer más conocimientos, más dinero o trabajos de mayor responsabilidad? La envidia, los celos, la ambición, todo tipo de avidez, son pasiones; el amor es una acción y es el ejercicio de una virtud humana, que sólo puede realizarse en la libertad y jamás como resultado de una compulsión.

Erich Fromm en su libro El arte de amar dice: El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un «estar continuado», no un «súbito arranque». En el sentido más general, puede describirse el carácter activo del amor afirmando que amar es fundamentalmente dar, no recibir.

Recordemos la muy conocida frase del Señor Jesucristo: «Más Bienaventurado es dar que recibir«. Hechos 20, 35

La belleza en términos generales tanto para personas como para objetos es descrita en el diccionario como: el conjunto de cualidades cuya manifestación sensible nos produce un deleite espiritual, un sentimiento de admiración.

Sabemos que en las personas existen dos tipos de belleza: la belleza del cuerpo o exterior y la belleza del alma o interior. Se sabe también que existe una relación predeterminada de correspondencia y de dependencia entre ellas pero en un sólo sentido: del alma hacia el cuerpo. La belleza del alma es manifestada por el cuerpo por medio de la forma de ser de la persona, su personalidad y su simpatía. En el sentido opuesto no ocurre lo mismo, puesto que la belleza del cuerpo no puede hacer crecer la belleza del alma.

La belleza exterior dura muy poco tiempo, es superficial y muy susceptible a alteraciones por enfermedades, accidentes y el envejecimiento natural, mientras que la belleza del alma por ser de naturaleza espiritual no se altera, siempre y cuando logremos mantener nuestra capacidad de amar a través del ejercicio del amor. Así como procuramos mantener los músculos activos y fuertes, haciendo ejercicios corporales periódicamente.

San Agustín también escribió en latín Amor, pondus animae, que significa el amor es el peso del alma, lo que la hace densa, lo que le da valor. La capacidad de amar de una persona es lo que la hace amable, valiosa, agradable, encantadora para los demás.

El aspecto exterior y la belleza corporal llaman la atención de los otros y atraen las miradas durante unos instantes, pero poco después termina la curiosidad y pasa.

El apóstol Pedro en su primera carta le recomienda a las mujeres lo siguiente:

No se preocupen tanto por lucir peinados rebuscados, collares de oro y vestidos lujosos, todas cosas exteriores, sino que más bien irradie de lo íntimo del corazón la belleza que no se pierde, es decir, un espíritu gentil y sereno. Eso sí que es precioso ante Dios. 1 Pedro 3, 3-4

Me imagino que el apóstol Pedro al hacer esa recomendación en particular, desea que las mujeres no enfoquen tanto su atención en atraer y seducir al varón para tenerlo a su lado por un corto tiempo, sino más bien para que puedan retenerlo a su lado y comparta toda la vida con ellas. La finalidad del consejo de Pedro coincide con el profundo deseo de cada mujer de lograr tener familia y una relación amorosa duradera.

Al inicio de la relación sentimental, la belleza corporal está indudablemente en el primer plano del interés y de la atención de los enamorados, y después de conocerse mejor, se va convirtiendo la belleza del alma en lo principal, pasando así la belleza física a un segundo plano. Este cambio en la preferencia se da de un modo imperceptible, por eso uno como enamorado no se percata del cambio, sencillamente porque uno no sabe distinguir cuál es la belleza del cuerpo y cuál es la belleza del alma. A uno le gusta la persona amada como es élla toda, y eso es lo único que cuenta.

Ya en los tiempos de la antigua Grecia, Platón en su obra El banquete refiriéndose a la belleza del cuerpo y a la belleza del alma, decía que amar de verdad a alguién es liberarse de las apariencias del cuerpo, porque “cuando uno ama una alma bella, permanece fiel toda la vida, porque lo que ama es durable”.

Sócrates hablando sobre la belleza femenina, dijo:

«La belleza de la mujer se halla iluminada por una luz que nos lleva y convida a contemplar el alma que habita tal cuerpo, y si aquélla es tan bella como ésta, es imposible no amarla.»

Ahora bien, la belleza corporal es un atributo sumamente subjetivo y es un asunto muy personal porque se trata del gusto individual y único que tiene cada ser humano. Por su parte, el amor es una fuerza espiritual que viene de Dios y como tal es universal y enigmático, por consiguiente, la belleza del alma en los seres humanos es igualmente universal y misteriosa. No ha sido por mera casualidad, sino por voluntad expresa de Dios que el amor y la belleza espiritual interior sean los factores determinantes y los que más cuentan en las relaciones personales.

He aquí, una evidencia más tanto de la universalidad del amor y la justicia de Dios para todos los hombres y mujeres, como del inexplicable misterio del amor que envuelve las relaciones sentimentales de los seres humanos, el cual siempre nos sorprende y nos deja perplejos.

El amor verdadero o espiritual entre parejas, como don que recibimos de Dios, ha sido un misterio de la vida humana en el pasado y lo sigue siendo hoy en día.
No sabemos cómo aparece en nuestras vidas, ni por qué lo sentimos con unas personas determinadas, ni sabemos tampoco la razón de su desaparición inesperada.

Hay personas que le dan más preferencia a la belleza física que a la belleza del alma, otros prefieren la belleza interior de la persona que su belleza exterior. Unos logran establecer relaciones amorosas estables y duraderas, y otros no tienen tanta suerte en sus experiencias amorosas o se aburren en algún momento de su pareja, prefiriéndo entonces terminar su relación actual y buscarse una nueva pareja más joven. De todo hay en la viña del Señor.

Amar y ser amado son necesidades primarias del alma, y por eso cada ser humano se esmera en satisfacerlas a su manera muy particular.

Sin embargo, cada individuo tiene que aprender a distinguir muy bien entre la necesidad del amor carnal y la necesidad del amor espiritual e incondicional.
El amor carnal es el deseo natural del cuerpo que tiene por finalidad el placer y la satisfacción inmediata.  El amor puro es el deseo del alma que tiene como finalidad que el gozo espiritual que experimenta no deje de existir nunca, es decir, que se haga eterno.

El deseo muere automáticamente cuando se logra: fenece al satisfacerse. El amor en cambio, es un eterno insatisfecho”.  José Ortega y Gasset

El amor que le expresamos a los demás, es lo que hace aumentar nuestro atractivo natural

¿Quién no ha escuchado o leído el conocido refrán en español que dice: La suerte en el amor de la mujer fea, la bonita la desea ? La sabiduría popular expresa ilustrativamente esa realidad tan evidente que se percibe en las relaciones personales, de que la simpatía y el encanto de una persona, surgen de su interior, de su alma, es decir, de su forma de ser y de actuar.

La belleza del aspecto físico de la persona es sin duda atractiva y llama la atención, pero se queda en eso simplemente, en una excitación muy breve que atrae la atención o deleita por un momento y después pasa. Por esa razón, se sabe que la belleza exterior humana es superficial, y tan superficial es, que algunos escritores la han comparado con una simple capa de barniz y con la profundidad de nuestra epidermis que es de 0,5 a 1,5 milímetros de espesor.

En la antigüedad, ya los filósofos, teólogos y demás letrados afirmaban que la belleza y la fascinación de un individuo salen de su alma o corazón. Agustín de Hipona escribió: “La belleza crece en ti en la misma proporción en que crece tu amor, puesto que el amor mismo es la belleza del alma.”  

Agustín define al amor como el ingrediente indispensable que hace crecer o aumentar la belleza, hermosura o atractivo en un ser humano de una manera efectiva y duradera. La mejor demostración de esta afirmación en la vida cotidiana la tenemos en los niños pequeños con los que convivimos.

El atractivo natural, la gracia, la irresistible ternura y todo lo que hace a los niños tan dignos de ser amados, surgen de su alma vigorosa, de su gran capacidad de amar y de su afecto; es decir, del amor incondicional que ellos le expresan a sus familiares y conocidos.

De los niños podemos aprender nuevamente el uso de nuestras propias facultades espirituales, y lo primero que podríamos aprender es amar como ellos.

Platón en su obra El banquete refiriéndose a la belleza del cuerpo y a la belleza del alma, decía que amar de verdad a alguién es liberarse de las apariencias del cuerpo, porque “cuando uno ama una alma bella, permanece fiel toda la vida, porque lo que ama es durable”.

Y Sócrates hablando sobre la belleza femenina, dijo:
«La belleza de la mujer se halla iluminada por una luz que nos lleva y convida a contemplar el alma que habita tal cuerpo, y si aquélla es tan bella como éste, es imposible no amarla.»

Hasta aquí hemos mencionado algunos argumentos irrefutables tanto de la sabiduría popular como de la sabiduría de la filosofía, los cuales confirman que la belleza interior de los seres humanos es la más importante, más valiosa y más perdurable. Lo maravilloso de la capacidad de amar y de la belleza interior de una persona, es que ellas embellecen su fealdad corporal.

Ahora bien, la belleza exterior es un atributo sumamente subjetivo y es un asunto muy personal porque se trata del gusto individual y único que tiene cada ser humano. Por su parte, el amor es una fuerza espiritual que viene de Dios y como tal es universal y enigmático, por consiguiente, la belleza del alma en los seres humanos es igualmente universal y misteriosa.

No ha sido por mera casualidad, sino por voluntad expresa de Dios que el amor y la belleza espiritual interior sean los factores determinantes y los que más cuentan en las relaciones personales. Amar y ser amado son necesidades primarias del alma, y por eso cada ser humano se esmera en satisfacerlas a su manera muy particular.

Sin embargo, cada individuo tiene que aprender a distinguir muy bien entre la necesidad biológica del sexo y la necesidad del amor espiritual e incondicional. El sexo es el deseo natural del cuerpo que tiene por finalidad el placer y la satisfacción sexual inmediata.  El amor puro es el deseo del alma que tiene como finalidad que el gozo espiritual que experimenta no deje de existir nunca, es decir, que se haga eterno.

El amor espiritual entre seres humanos, si es sincero y profundo, será también eterno. Así como es eterno el amor de Dios hacia la humanidad.

Todas aquellas personas, en quienes se ha manifestado el amor verdadero en su vida, y lo expresan con toda el alma hacia su pareja, familiares, hijos, amigos o compañeros de trabajo; se puede afirmar con certeza que han sido cristianos bendecidos grandemente por Dios, debido a que forman parte de un grupo de creyentes Bienaventurados, es decir, cristianos que viven una vida que honra a Dios y al Señor Jesucristo en agradecimiento y correspondencia al amor del Padre Todopoderoso y de su Hijo Unigénito hacia nosotros.

En nuestra sociedad que es tan materialista, la gente vive de las apariencias y se fija y orienta solamente en lo que ven sus ojos, esta realidad está expresada por el antiguo refrán popular: “Los vestidos y los trajes hacen a las personas”. Esta afirmación, a pesar de que sabemos por experiencia que es falsa, sin embargo, muchas veces nos dejamos impresionar y persuadir por las apariencias. Los vestidos son en realidad sólo ropa o trapos que cubren el cuerpo, y no mejoran el carácter ni la personalidad del individuo. Esto lo expresa claramente el conocido refrán popular: “Aunque el mono se vista de seda, mono se queda”.

En cambio, el apóstol Pablo en su carta a los Colosenses, nos recomienda de corazón que nos vistamos con algunas virtudes espirituales, que también pueden adornar nuestro comportamiento y que ciertamente sí son percibidas en el trato personal con los demás:

Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Colosenses 3, 12 -14.

El amor es el vínculo perfecto
Vincular significa unir, atar o encadenar. Por lo tanto el vínculo es lo que ata con firmeza a las personas. El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Recordemos que de las tres virtudes cristianas principales, el apóstol Pablo considera que el amor es la de mayor importancia:
Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. 1. Corintios 13, 13

Por medio de esta categórica afirmación, Pablo coincide con el mayor de los mandamientos de Dios:
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos.  Mateo 22, 37-39

El amor espiritual que surge o brota de nuestra alma divina e inmortal, es en consecuencia eterno. Si se ha amado a una persona con toda el alma, dejar de amarla es imposible.

La evidencia material más conocida de esa realidad, es la existencia de los cementerios en todos los pueblos y comunidades del mundo entero, a los cuales los familiares de los difuntos acuden por amor, para cuidar y mantener las tumbas de sus seres amados, manifestándoles asi su cariño hasta el final de sus vidas terrenales.

Y si la relación amorosa es eterna, resulta lógico y sensato esperar que despúes de la muerte, nos seguiremos amando en el Reino de los Cielos.

Concluyo con esta esperanzadora cita del gran escritor francés Victor Hugo:

“Desgraciado quien no haya amado más que cuerpos, formas y apariencias. La muerte le arrebatará todo. Procurad amar las almas y un día las volvereís a encontrar.”

El creyente que cree en espíritu y en verdad en el Señor Jesucristo, debería creer mucho más en su promesa de vida eterna.

Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Mateo 22, 37-39

Muchos de los lectores que conocen bien el Nuevo Testamento, reconocerán inmediatamente estos versículos del Evangelio de Mateo. Para aquellos que no lo reconocen, allí describe Jesucristo el gran mandamiento en la ley, que Dios le entregó al antiguo pueblo judío.
Les ruego que lean de nuevo este gran mandamiento, y mediten unos instantes sobre su claro mensaje, para lograr asimilarlo y comprenderlo bien.

El señor Jesucristo como Hijo Unigénito de Dios, se encarnó y se hizo hombre por amor a Dios Padre y a la humanidad, para cumplir con su divina misión consistente en: 1) predicar el Evangelio y su gran promesa de vida eterna en el Reino de los Cielos; 2) dar su testimonio personal como Mesías mientras vivió en este mundo; y 3) entregar la vida de su cuerpo como sacrificio redentor en la Cruz del Calvario; para lograr el perdón de nuestros pecados por parte de Dios, y así hacernos dignos de la vida eterna a todas aquellas personas, que crean en ÉL y lo amen con toda su alma y su mente.

Hagamos ahora el esfuerzo, de recordar su vida de total entrega y de amor por la humanidad en este mundo; en primer lugar, cuando la casta de maestros de la ley divina y fariseos del pueblo judío, quienes eran los sabios de las sagradas escrituras del Antiguo Testamento, y quienes mejor conocían las diversas profecías en las que siglos antes se anunciaba la venida del Mesías, no reconocieron a Jesús como su verdadero Mesías prometido por Dios; y en segundo lugar, cuando lo rechazaron y finalmente se confabularon y conspiraron en su contra, para que fuera condenado a muerte en una cruz, lo cual era el tipo de ajusticiamiento más humillante, doloroso y asfixiante durante el dominio del imperio Romano.

El Señor Jesucristo cumplió el gran mandamiento de Dios, al pie de la letra y de la manera más ejemplar posible y absoluta, para la salvación de nuestras almas después de la muerte, con el único y manifestado propósito de concederle a los creyentes cristianos, la vida eterna en el Reino de los Cielos.
Cristo Jesús, lo hizo únicamente por amor a Dios y a cada uno de nosotros, pues el amor es la fuerza divina o energía espiritual más poderosa que existe en el Universo, capaz de vencer cualquier obstáculo y de transformar la realidad.
Por cierto, según el científico Albert Einstein, el amor es una energía que trasciende las barreras del tiempo y el espacio. Para él, el amor no es simplemente una facultad humana, sino una fuerza que conecta a todas las cosas en el universo.

Como creyentes cristianos, debemos por lo tanto, tomar conciencia de que no es suficiente creer en Dios y en Jesucristo, sino también amarlos con toda nuestra alma y toda nuestra mente, así como Jesús nos ama a nosotros. El mensaje central del Evangelio de Cristo es el amor de Dios para con sus amadas criaturas: los seres humanos, a quienes nos concedió el privilegio de considerarnos hijos de Dios y de llamarlo Padre Nuestro.

Si hay algo de verdad importante e indispensable, por lo que tú creyente cristiano deberías de incluir en tus oraciones y ruegos al Señor Jesucristo, es rogarle que te ayude a cambiar tu fe actual en amor profundo y sincero al Dios Padre, así como amar al prójimo como a ti mismo, puesto que precisamente son el amor, el gozo y el agradecimiento que sentimos hacia Dios por concedernos su Gracia y el perdón de nuestros pecados, lo que hace crecer el anhelo y la esperanza de alcanzar la vida eterna prometida. Además, así será de perfecto el plan de salvación eterna de Dios para la humanidad, que el amor espiritual es la verdadera fuente universal de felicidad del ser humano, en todos los rincones de la tierra y en todas las épocas de la historia.

Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de Él. Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. Romanos 5, 8-10

La principal fuente de la verdadera felicidad es procurar hacer todo por amor.

Si como creyentes cristianos creemos que el Dios Todopoderoso es el autor y el dueño absoluto de la verdad, debemos entonces reconocer y creer que la Palabra de Dios plasmada en la Biblia es la VERDAD DIVINA, la cual fue escrita por individuos escogidos e inspirados por Dios, con el fin de ser revelada y predicada a la humanidad durante su vida terrenal, para dar a conocer la voluntad de Dios y el plan de salvación eterna para todos aquellos que creen en la obra redentora del Señor Jesucristo..
El señor Jesucristo, como Hijo de Dios, fue quien afirmó por primera vez la suprema importancia del amor espiritual en la vida humana: 

Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Mateo 22, 37-40

El apóstol Pablo posteriormente, explicó magistralmente la relevancia el amor espiritual para la vida humana en su Carta a los Corintios capítulo 13:

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

El patriarca de la iglesia cristiana Agustín de Hipona, describe el inigualable y maravilloso efecto del amor espiritual en el ser humano, recomendándo hacerlo de la siguiente manera práctica y sencilla:

Ama y haz lo que quieras. Si callas, hazlo por amor; si gritas hazlo por amor; si corriges, corrige por amor; si te abstienes, abstente por amor. Si tienes el amor arraigado en tí, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos.”

Esta recomendación de San Agustin no es en absoluto una “misión imposible” para nosotros, si lo creemos y estamos convencidos de que efectivamente es posible, lo lograremos sin ninguna dificultad.

Si nos detenemos a pensar y analizar el exagerado afán de lucro y de acumular dinero, que ha sido creado artificialmente en la sociedad de consumo por la publicidad y los medios de comunicación, se llega a la sensata e inteligente conclusión, de que es mucho más fàcil y mejor ser un MILLONARIO EN AMOR, que un millonario en dinero.

Si recordamos el éxito económico de la industria del cine de Hollywood en el mundo del espectàculo, se puede afirmar que logró generar ganancias de dinero astronòmicas y en consecuencia, tambien produjo muchos actores y actrices millonarios en muy pocos años. Los actores más exitosos fueron llamados “Estrellas del cine” por los medios de comunicaciòn, a quienes les hacìan mucha publicidad, mostrando cómo vivian en sus lujosas mansiones valoradas en millones de dólares y cómo viajaban volando en sus propios aviones jet, sin embargo, sobre su vida privada se mencionaba muy poco o nada. Ese hermético silencio sobre su vida privada tenía una buena justificación: sus verdaderas vidas privadas no eran tan ejemplares como para darlas a conocer al público. La gran mayoría de esas “Estrellas” en sus vidas privadas terminaron literalmente “estrelladas” y arruinadas, caracterizadas ellas por: vidas conyugales turbulentas de hasta 8 o más divorcios, consumo abusivo del alcohol, adicción a drogas estupefacientes y a juegos de azar, suicidios, ruinas financieras, soledad, etc.

Sobre los reyes, los nobles de la sociedad y los ricos en el mundo, ha existido siempre desde el inicio de la historia, la muy conocida creencia o leyenda de que los poderosos, ricos, opulentos y millonarios, viven mucho más felices y mejor que la gente humilde y ordinaria. En la Palabra de Dios no se encuentra ningún texto o referencia en que se elogie las riquezas materiales, sino todo lo contrario, se censuran, por ser un gran obstáculo para la fe en Cristo y para alcanzar la vida eterna. Así lo afirmó Jesús según el evangelio del apóstol Marcos:

Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. Marcos 10, 25

Por lo tanto, esa creencia de que los ricos padecen menos sufrimientos y aflicciones que los demás, es totalmente falsa e imaginaria, debido a que por ser el Señor un Dios amoroso, misericordioso y justo, la aflicción en esta vida terrenal es universal para toda la humanidad sin exepciones, independientemente de su condición económica y social.

En las sociedades de consumo occidentales, la aspiraciòn general de cada individuo ya no es el ganar suficiente dinero, para poder vivir una vida cómoda de clase media alta, sino es la de alcanzar a ser un millonario, o mejor aún, ser un multimillonario.

Está comprobado que los medios de comunicación, especialmente los privados, tienen un impacto significativo en nuestra percepción de la realidad. Pues su objetivo es influir en la opinión pública y, en última instancia, crear en la población nuevos estímulos y deseos que persuadan a los consumidores a comprar aquellos  productos y servicios anunciados en su publicidad, generando asi una realidad virtual e ilusoria a travez de las pantallas de los teléfonos inteligentes, la televisión, los computadores y los cines, que durante tanto tiempo estamos mirando cada día.
Como consumidores que estamos siendo adoctrinados por los medios, debemos estar muy atentos y ser desconfiados y críticos de los anuncios comerciales que nos ofrecen.

El gozo, la dicha y la verdadera felicidad son sentimientos que por lo general se viven y se disfrutan en secreto, en nuestra alma o corazón, generando en el individuo una satisfacción placentera y muy íntima, de la que nadie más puede percibir ni percatarse en absoluto. En conclusión, los momentos de gozo, dicha y felicidad verdadera no son manifestados por el cuerpo, ni siquiera hacia nuestros seres más amados y cercanos, cada persona los siente de manera exclusiva en su vida interior espiritual y secreta.

Es por esa razón, que en todas las expresiones artísticas como el teatro, el canto, el baile, la comedia, la ópera, el cine y sobre todo en las escenas de los avisos publicitarios de los medios, se hace uso de la actuación y la interpretación de papeles o roles fingidos, que son desempeñados por actores y actrices.
¿Cómo es posible entonces, que nos dejemos engañar por una sonrisa fingida o un gesto fingido de satisfacción de una actriz, y aceptemos dicha escena como una manifestación de “verdadera felicidad” en un aviso publicitario?

Nosotros como creyentes cristianos, quienes conocemos la verdad escrita en las Santas Escrituras, debemos de estar muy conscientes de que TODO lo que nos muestran los medios de comunicación en las pantallas, es una ilusión, un engaño virtual que nos invita a soñar y a imaginarnos un futuro irreal, el cual existe solamente en las pantallas, y que como consecuencia negativa, nos aparta del camino de fe y esperanza de vida eterna, enseñado por nuestro Señor Jesucristo.

La realidad común y corriente que se puede constatar en todas partes del mundo y en todas las épocas de la humanidad, y que sin embargo, no quiere ser aceptada por demasiada gente, es la siguiente: Para ser verdaderamente feliz no hace falta mucho dinero.

EL FALSO CONCEPTO DEL AMOR QUE DIFUNDEN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

En nuestra era moderna en la que todo gira alrededor del dinero y del consumo desenfrenado de productos, las pasiones humanas que han sido más estimuladas y enaltecidas en la sociedad por los medios de comunicación son: el egoísmo, la ambición, la envidia y el orgullo.

Los medios de comunicación audiovisuales, particularmente el cine y la televisión, han sido utilizados como un poderoso vehículo para crear nuevas necesidades y opiniones en la sociedad por medio de la publicidad, con informaciones deliberadamente manipuladas y a través de videos y películas con imágenes hechas en una forma muy refinada, con el único propósito de aumentar los volúmenes de venta de productos de la industria, es decir, para ganar más dinero.

Desafortunadamente el bello y maravilloso tema del amor y de las relaciones amorosas entre parejas, ha caído también en las garras del lucro corruptor como otros tantos valores espirituales y ha sido degradado a una mercancía, como es el sexo. Lo que se conoce en los medios como amor romántico entre parejas, es un simple lema publicitario de una estrategia comercial de grandes empresas, las cuales solo están interesadas en incrementar sus ganancias.

¿QUÉ ES EL AMOR VERDADERO Y CUALES SON SUS FRUTOS?

El amor espiritual que surge del alma, tal como brota el agua de un manantial, es expresado y manifestado a los demás a través del cuerpo. La manifestación pública de los sentimientos del alma por el cuerpo, se podría comparar con la manifestación sonora del aire cuando es soplado en una flauta. La flauta como instrumento de madera transforma el soplo de aire en sonidos. Así como la flauta, el cuerpo es el instrumento que transforma y manifiesta los sentimientos del alma en actos visibles y en palabras que perciben los demás.
¡Pero mucho cuidado con los gestos aparentemente amorosos!, porque el cuerpo también hace el papel de una máscara y esconde al alma, y además porque el ser humano es el único ser vivo, capaz de fingir y simular fácilmente gestos que no siente de verdad.

No creo que exista en la literatura mundial, una descripción más acertada y más instructiva sobre el amor espiritual y verdadero, que la que hizo San Pablo en su primera carta a los Corintios en la Biblia. En realidad Pablo escribió un poema en honor al amor, que él consideraba como la virtud espiritual humana más excelente. Les recomiendo de corazón que lo lean en su totalidad en 1. Corintios 13, 1-13.
Dicho poema contiene la descripción de las cualidades y atributos más importantes del amor auténtico e incondicional, que Pablo dio a conocer a la humanidad hace miles de años y en la que expone lo que realmente es el amor espiritual verdadero y lo que no es:

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal; no se goza en la injusticia, mas se goza en la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 1. Corintios 13, 4-7

Si leemos y analizamos con detenimiento estos frutos del amor, notaremos que todas las características mencionadas sin excepción, son actitudes y formas de comportamiento que adopta el amante hacia la persona amada como resultado del estado de enamoramiento. Fíjense, que en esa descripcón no se trata, de los conocidos gestos y expresiones de afecto ocasionales como abrazos, besos, tomarse de las manos, regalos, flores y palabras halagadoras; que siempre hacen las parejas en público. Estas muestras de afecto que vemos son simplemente apariencias, que nosotros como observadores no podemos saber si son sinceras o si son fingidas. Además, esos gestos afectuosos los puede hacer cualquiera sin sentir amor, incluso, existen personas hipócritas que sintiendo odio por alguien, le hacen gestos de cariño. Recuerden el beso traicionero que le dió Judas Iscariote a Jesús antes de su crucifixión.
Mientras que la actitud es una manifestación de la inclinación de la persona, que conduce a un comportamiento particular constante, como por ejemplo: engañar, faltar respeto, ser interesado, ser sincero, ser considerado, ser generoso, ser respetuoso, etc.
Los actos de las personas se refieren a su conducta diaria, a lo que hacen regularmente y a su comportamiento.

Recordemos siempre que el amor verdadero como sentimiento y como vínculo de cariño, se siente interiormente y se goza en secreto. Esas nuevas formas de comportamiento y actitudes que surgen de repente en el enamorado hacia la persona amada, las definió y las agrupó el filósofo español Joaquín Xirau bajo el original concepto de la «conciencia amorosa».
La conciencia amorosa es la nueva facultad de los recién enamorados, que determina y conduce la relación amorosa de la pareja a partir de ese momento.

La descripción de San Pablo de lo que es el amor verdadero, puede servir muy bien como orientación fidedigna y práctica para poder distinguir el amor auténtico del amor fingido. Sobre todo son muy útiles los casos de aquellas actitudes y actos incongruentes o impropios del amor, que allí se mencionan, como por ejemplo: la envidia, el egoísmo, la mentira, la intolerancia, el maltrato y la soberbia.

El amor es el don espiritual más importante y maravilloso con que Dios ha dotado al ser humano, por ser la facultad por excelencia que como energía adhesiva universal permite en toda la humanidad, que hombres, mujeres y niños seamos capaces de convivir en comunidades y de establecer relaciones personales permanentes en armonía. El amor es una virtud espiritual del alma, que nos inspira, nos eleva, nos llena de bellos pensamientos y sentimientos, nos hace capaces de amar y unirnos con potentes lazos invisibles. Como fuerza espiritual que es, el amor nos impulsa a expresarlo exteriormente con ciertos gestos y comportamientos en nuestras relaciones amorosas. 

Por ser el amor una fuerza mayor que está fuera del control de la persona, ha estado rodeado de un indescifrable misterio a lo largo de la historia de la humanidad, permaneciendo así hasta la actualidad, como un fenómeno incomprensible para la razón humana y la ciencia.
El escritor francés François de la Rochefoucauld (1613 -1680) escribió la famosa cita: « El amor verdadero es como los espíritus, todo el mundo habla de él pero nadie lo ha visto. »
Nadie ha visto al amor ni nadie lo podrá ver jamás, porque el amor es invisible como los espíritus.

De nuestras cualidades espirituales, el amor es la más excelente y la más importante para poder vivir una vida plena y feliz. De allí deriva la gran relevancia que posee el amor para todo ser humano, desde su nacimiento hasta su muerte física y más allá.

Muchos se preguntan hoy, pero si el amor espiritual es tan importante en la vida, ¿por qué entonces no se habla y se escribe sobre el amor verdadero todos los días, así como se habla y se escribe sobre otros temas como: la salud, la política, los precios, el sexo, la belleza del cuerpo, la ropa de moda, los viajes de vacaciones, las ofertas en el supermercado, los cosméticos, los medicamentos, etc, etc?
La respuesta es muy sencilla, y sin embargo, no deja de sorprender:
El amor es una facultad espiritual que solo la podemos percibir íntimamente en nuestra interioridad. Debido a que el amor es algo inmaterial, no se puede comprar ni vender, y por no ser comerciable, el amor espiritual es simplemente ignorado por los medios de comunicación y por la sociedad de consumo.

El amor desinteresado e incondicional de la madre hacia sus hijos es el mejor ejemplo del amor verdadero. El amor de madre que supera con creces al amor entre parejas y que es tan esencial para el desarrollo integral de cada ser humano, igualmente es ignorado por los medios, por no ser lucrativo.
Existen importantes y variados tipos de amor, que por cierto son los más comunes y conocidos, como por ejemplo: el amor entre amigos, el amor entre hermanos, el amor entre abuelos y nietos, el amor entre primos, el amor entre compañeros de clases y de trabajo, etc, etc. Pero como cosa curiosa, esos otros tipos de amores a pesar de ser tan necesarios en la vida de cualquier persona, tampoco son mencionados en los medios de comunicación, por no ser rentables.

Sin duda alguna, el amor erótico entre parejas es el tema favorito de los medios porque provoca en el público efectos excitantes y sensuales, los cuales le proporcionan una fuerte actractividad, y además, porque permite ser narrado con un lenguaje seductor en novelas románticas o representado fácilmente en películas con escenas eróticas.

Por supuesto, en el amor entre parejas está también presente el amor verdadero espiritual, pero muy mezclado y asociado con la atracción sexual natural y necesaria. En la fase del enamoramiento de la pareja, es prácticamente imposible poder distinguir uno del otro. Si la relación amorosa cuaja, será entonces cuando los integrantes de la pareja aprenderán mutuamente a conocerse bien y a amarse.

Dejar de amar es como vaciarse de vigor y de sentido de la vida

“Al final, sólo morirán eternamente los que ya estén muertos en vida. Es decir, aquellos que estaban muertos por dentro, porque habían dejado de amar. Así que piensa bien: La verdadera muerte no es morir, sino dejar de amar.”  Louis Evely

Digo yo: si amar es un don espiritual excelente y maravilloso de Dios para el ser humano, y es además el bien eterno más real que existe, entonces, el amor debería ser el gran tesoro por el que tendríamos que desvivirnos mientras estemos viviendo aquí y ahora en este mundo, pero como es algo invisible, demasiado común y que sólo da gozo interior al que lo encuentra, son relativamente pocos hombres y mujeres los que se esmeran conscientemente en practicarlo.

Se escucha decir por doquier, que debido a que con el amor no se puede pagar los alimentos, la vestimenta, el alquiler de la casa, ni tampoco le proporciona a uno un buen empleo para poder ganarse la vida, no es tan importante como el dinero y la formación profesional, y por lo tanto, es algo secundario e innecesario. Ese argumento es muy cierto, pero la conclusión que se deduce del argumento es absolutamente equivocada.

Sabemos muy bien que el mundo está lleno de falsas creencias, y la idea de que el amar verdaderamente de corazón no es tan importante como el dinero, el prestigio, el poder y la gloria, es lamentablemente una más del montón. Ésta convicción errónea no es solamente la excusa más común que se escucha para no amar lo que se siente intensamente en el corazón, y sino que también es la más ignorada causa de descontento e infelicidad humana.

Por ser precísamente el amor puro, un sentimiento tan natural en el ser humano, es considerado por muchos banal y sin importancia.

A veces me pregunto con cierto asombro: ¿Será posible que por su manifiesta simplicidad y abundancia, algo tan esencial  y necesario para una vida plena y llena de sentido como es el amar a alguien y ser amado, sea menospreciado con tanta ligereza?

Para ilustrar ese estado de inconsciencia en relación a la necesidad profunda de  amar que tenemos los seres humanos, se me ocurre comparar al amor con el aire que respiramos y con el tiempo que transcurre silenciosamente todos los días. He aquí dos factores vitales, imprescindibles e insustituibles para nosotros, y a los que tampoco se les brinda la importancia que merecen.

De esa falta de conciencia de los hombres, ya se lamentaba hace miles de años el profeta Ezequiel cuando escribió: “…tienen ojos para ver, y no ven, tienen oídos para oir, y no oyen; porque son casa rebelde”.

El amor puro es el bien eterno más excelente, más sentido y más notorio que los seres humanos, como privilegio divino, podemos llegar a disfrutar si así lo deseamos.  
Esa es una realidad, que primero tenemos que reconocerla como tal, para después ser capaces de creer que es así, y entonces después actuar en consecuencia.

Si existe una manera práctica de aprender a percibir y sentir conscientemente nuestra propia alma, es por medio de dos grandes experiencias en la vida: amando y sufriendo profundamente.

Una de las citas sobre la dimensión del tiempo más sencilla e instructiva que leído, es la de William Shakespeare, que dice:
«El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que temen, muy largo para los que sufren, muy corto para los que gozan; pero para quienes aman, el tiempo es eternidad»

Estoy convencido de que el objetivo más universal y trascendental en la vida y el que más sentido le da a nuestra existencia es: amar profundamente y ser amado.
Dios creador y autor del amor nos amó desde siempre, y sólo por nuestro propio bien y beneficio, exigió que nos amaramos unos a otros. Asi será de importante para los seres humanos el amor, que cuando uno de los escribas de la ley judaica interpeló a Jesucristo, él le dijo:

“Al ver que Jesús les había contestado bien, uno de los maestros de la ley, que los había oído discutir, se acercó a él y le preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?

Jesús le contestó:
El primer mandamiento de todos es: “Oye, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” Pero hay un segundo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” Ningún mandamiento es más importante que éstos.” Marcos 12, 28-31

Desde el inicio de la humanidad, todo ser humano que ha existido, ha amado y ha sido amado en algún perídodo de su vida, y por naturaleza, cada persona es capaz de amar con absoluta libertad e independientemente de sus condiciones de vida, lo cual es un claro testimonio de la universalidad de la Misericordia y Justicia de Dios para con los hombres y mujeres de todos los tiempos.

Sin embargo, la senda del amor verdadero no es fácil, puesto que al igual que nuestra propia existencia, está llena de luchas, dificultades y sacrificios. Por esa razón, el tenerle temor al amor verdadero y apasionado es temer a la vida misma, es abstenerse voluntariamente de vivir una vida vigorosa y plena de sentido.

Amar es fundamentalmente dar de sí y no recibir. El dar genera más felicidad que el recibir, ya que el simple acto de dar constituye en sí una expresión de nuestro vigor natural y del sentido de nuestra existencia.
Erich Fromm en su libro “El arte de amar” afirma: el amor es una acción, la practica de un poder humano, es una actividad, no un afecto pasivo; es un “estar continuado”, no un “súbito arranque”.
Para Fromm el amor es un arte y no algo con lo que uno tropieza en su vida. Y como arte, es necesario entonces aprenderlo. El primer paso es tomar conciencia de su importancia en la vida, para así lograr despertar nuestra conciencia amorosa y el constante deseo de amar, y el segundo, es ponerlo en práctica.

Así como nuestro cuerpo de carne y huesos necesita alimentarse para nutrirse, nuestro espíritu necesita amar para fortalecerse.

LA UNIÓN POR AMOR DE UNA PAREJA PARA TODA LA VIDA, SOLO PUEDE SER OBRA DE DIOS.

Aunque muchos no lo crean, existen acontecimientos sobrenaturales inexplicables que la ciencia moderna no ha podido descifrar ni la causas que los originan, ni mucho menos predecir el instante de su manifestación y de su desvanecimiento.
El acontecimiento sobrenatural más conocido por la gente en el mundo entero es: el enamoramiento.

Todos los que se han enamorado hablan de su enamoramiento, especialmente cuando este se manifiesta por primera vez. El acontecimiento es comentado, por lo general, con inmenso alborozo y efusivo júbilo, y nadie en absoluto, en medio de su excitación amorosa, se detiene un sólo segundo para pensar y preguntarse sobre el causante de la prodigiosa chispa, que ha encendido ese milagroso fuego del amor verdadero e incontenible, ya que el nuevo enamorado está que no cabe en sí mismo y además, se siente como si estuviera en el séptimo cielo en esos momentos.
De nuestro enamoramiento nos damos cuenta, apenas cuando ya ha sucedido y está en pleno desarrollo. El mero instante en que acontece, es absolutamente imperceptible.

Sobre el amor se ha dicho y escrito muchísimo, sin embargo, son muy pocos los autores que han reconocido que el verdadero origen y la fuente del amor entre parejas es un misterio, puesto que no se sabe por qué el amor aparece y desaparece de repente, y además, por ser algo completamente inesperado. El amor humano es un misterio porque es una facultad del alma, y por lo tanto, es espiritual. Pero como la ciencia no quiere reconocer la existencia del alma ni de Dios, los científicos intentan explicar el origen del amor con unas teorías neuroquímicas cada vez más absurdas, que lindan ya con el ridículo.

Yo por mi parte estoy convencido de que el origen y la fuente del amor es Dios, no solamente porque así lo afirman las Sagradas Escrituras, sino también por mi propia experiencia y porque es una realidad espiritual tan evidente y misteriosa en la vida, que resulta una necedad negarlo.

El enamoramiento es la manifestación espiritual por excelencia en la vida, y es igualmente la más notoria que pueda sentir un ser humano, sobre todo por su condición de ser enigmática y hasta mágica. Tal como sucede con todo lo que es de la dimensión espiritual que forma parte de nuestro cuerpo, cada individuo lo percibe a su manera y por medio de las usuales vivencias, sentimientos, pensamientos, imaginaciónes, ideas, pasiones y emociones que se viven o se padecen en esos bellos instantes.

Asi como sucede en el fenómeno espiritual llamado la ofuscación del entendimiento, en que nuestra mente se enturbia o se nubla, y por consiguiente, no somos capaces de percibir todo lo que esta presente en la realidad. En el caso del enamoramiento sucede todo lo contrario, nuestra mente se aclara o se ilumina, y entonces de repente, percibimos nuevos detalles y aspectos en la persona amada, de los cuales anteriormente no nos habíamos percatado. La persona amada tiene ahora algo que nos atrae mucho, posee un brillo que emite y centellea como lo hace un faro desde la costa a los barcos que navegan de noche en el mar oscuro, de ese mismo modo, la amada con su brillo resplandeciente señala y orienta al enamorado, quien a partir de ese momento sólo tiene ojos para mirarla a élla.

A continuación, se despierta en el enamorado su conciencia amorosa, la cual le susurra suavemente, que esa persona tan atrayente es muy digna de ser amada. Así sucede entonces, como por arte de magia, que todo aquello que forma parte de la persona amada como su aspecto físico, su personalidad, sus gestos y hasta sus defectos, le gustan al enamorado.

En la experiencia del enamoramiento, lo que hace tan maravilloso al amor verdadero, es que el enamorado logra más adelante considerar a su amada como parte integrante de su propio ser, culminándose así la milagrosa obra de que ya no son dos seres opuestos y ajenos, sino que se han fusionado espiritualmente en un sólo ser.

Así como Dios lo prometió y está escrito en el siguiente versículo del Génesis: « Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y serán una sola carne. » Génesis 2, 24

Aquellas parejas que después de haber vivido el enamoramiento y que hayan sido fundidas en un solo ser, por la divina llama ardiente del amor verdadero e incondicional, deberían de estar concientes de que han sido grandemente bendecidas por Dios, quien al derramar su amor sobre ellos, los ha hecho protagonistas de un milagro de amor.

¿Por qué es tan importante saberse amado por Dios y tener nuestra esperanza puesta en Jesucristo, aunque sabemos que nuestras madres, hermanos, esposos, hijos e amigos también nos aman?

El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 1 Juan 4, 8-9

En primer lugar, porque poseemos un alma inmortal que vivirá para siempre la vida eterna y abundante en el Reino de los Cielos, después de la muerte inevitable de nuestro cuerpo.
Y en segundo lugar, porque el amor humano que recibimos de nuestros queridos familiares, esposos, hijos o amigos; y el que nosotros les retribuimos a ellos es un amor que por más fuerte y profundo que sea, está limitado tanto en su pureza e intensidad como en su duración, puesto que en cualquier momento podemos morir.

Por eso, el amor humano se podría comparar con la llama de una vela, y por lo tanto, en sentido figurado son nuestros seres queridos, las velas que nos alumbran en esta vida terrenal al brindarnos luz y calidez espiritual por medio de su amor. Mientras que el amor de Dios, por ser puro, eterno y de gran intensidad, lo podríamos comparar con el sol.

Los que se han alumbrado de noche con una vela saben, que la llama es pequeña, de poca intensidad, que es sumamente frágil porque con un pequeño soplo de aire se puede apagar; que no dura mucho tiempo porque la cera se va consumiendo, y que al final, la pequeña llama se extingue para no encenderse más.

Y cuando un ventarrón repentino del destino durante nuestra vida apague la llama de algunas de las velas que nos alumbran, o bien cuando venga el vendaval de la muerte y apague nuestra propia llama, qué maravilloso refugio y consuelo es entonces saber, que contamos para siempre con la llama del amor inmenso de Dios, el cual nos sostiene y nos ilumina el alma durante las adversidades de la vida en este mundo, y nos seguirá iluminando en la vida eterna junto con nuestro Señor Jesucristo y las demás almas vivientes en el Reino de los cielos.

El gran amor de Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo están ahora y estarán siempre presentes con todos nosotros, como el aire que respiramos y que nos da la vida, pero que no podemos ver ni tocar, y que sin embargo, está siempre allí.

Si todavía no tienes la certeza de saberte amado por Dios, acerca tu alma a Jesucristo por medio de la oración y de la lectura de la Biblia; y ruégale, que le dé más vigor a tu fe y te conceda la perseverancia necesaria, para interiorizar su divino amor espiritual en tu corazón.

Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. 1. Corintios 13, 13

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