Y haré descender la lluvia en su tiempo; lluvias de bendición serán. Ezequiel 34: 26

Inspiradora meditación de la Palabra de Dios, escrita por el gran predicador Charles H. Spurgeon para cada día. Tomada de su libro titulado:
«De mañana oiré su voz»

Aquí hay misericordia soberana. Y haré descender la lluvia en su tiempo. ¿No es misericordia soberana y divina? Pues ¿quién puede decir: Y haré descender la lluvia en su tiempo sino Dios? Solo hay una voz que puede hablarle a las nubes y hacer que llueva. ¿Quién envió la lluvia sobre la tierra? ¿Quién esparció la lluvia sobre la hierba verde? ¿No soy yo, el Señor? Por lo tanto, es don de Dios y no es creado por el hombre. Eso también necesitó gracia. ¿Qué sería de la tierra sin la lluvia? Puedes arar la tierra, sembrar las semillas, pero: ¿qué puedes hacer sin la lluvia?

Así también absolutamente necesaria es la bendición divina. En vano trabajas hasta que Dios concede la extensa lluvia y envía la salvación. Entonces la gracia divina es abundante: haré descender la lluvia. No dice „les enviaré gotas“, sino lluvias de bendición serán. Así es con la gracia. Si Dios da una bendición, generalmente la da en tal medida que no alcanza el espacio para recibirla. ¡Gracia abundante!
¡Oh! Queremos abundante gracia para mantenernos humildes, para hacernos personas de oración, para hacernos santos, gracia abundante para hacernos fervientes creyentes, para preservarnos a lo largo de esta vida y finalmente llegar al cielo. No podemos lograrlo sin empaparnos en lluvias de gracia. Otra vez, es gracia oportuna.

Y haré descender la lluvia en su tiempo. ¿Cuál es tu estación esta mañana? ¿Es la época de sequía? Entonces, esa es la estación para la lluvia. ¿Es una época de gran pesar y de nubes negras? Entonces, es el tiempo para la lluvia. Y como tus días serán tus fuerzas (Deuteronomio 33: 25) Y aquí hay una variedad de bendiciones. Lluvias de bendición serán. La Palabra está en plural.  Dios enviará todo tipo de bendiciones.. Todas las bendiciones de Dios van unidas, como eslabones en una cadena de oro.  Si Él da gracia de conversión, también dará gracia que consuela. Él enviará lluvias de bendición.

Mira para arriba, tú, planta reseca, y abre tus hojas y flores para recibir el riego celestial.

La falta de memoria del recipiente de carne y hueso

El conocido psiquiatra austríaco Viktor Frankl en su libro “el vacío existencial” escribe:  “Cada época tiene su neurosis y cada tiempo necesita su psicoterapia. Hoy en día no nos enfrentamos con una frustación sexual como en los tiempos de Freud, sino con una frustración existencial. El paciente típico de nuestros dias no sufre tanto bajo un complejo de inferioridad, sino bajo un abismal complejo de falta de sentido, acompañado de un sentimiento de vació, razón por la que me inclino a hablar de un vacío existencial.”

Para Frankl el sentido de la vida, es aquello que le confiere propósito a la vida, un significado,  una misión a realizar, que a su vez le proporciona tambien un soporte interno a la existencia. Por lo tanto, la búsqueda de sentido en la vida sería una necesidad específica y fundamental del ser humano, la cual está presente en mayor o menor grado en todas las personas.

Según Frankl y otros psicoterapeutas está demostrado que esa frustración de no encontrar el sentido a la propia vida y la carencia de propósito,  es una fuente de desajuste emocional que conduce con el tiempo a un vacío existencial. Es éste sentimiento de vacío lo que impulsa a las personas afectadas, a tratar de compensarlo de alguna forma, surgiendo de allí las más diversas alteraciones emocionales que causan las adicciones a drogas, las depresiones, las neurosis y otras patologías modernas (obesidad), que atormentan hoy en día a las sociedades de consumo.

Basándome en la comprobación científica por parte de la medicina psiquiátrica, acerca de la magnitud la crisis existencial por la que está atravezando una buena parte de la sociedad moderna, se me ha ocurrido relacionar ese sentimiento de vacío que asedia a tanta gente, con la crisis espiritual y la falta de fe en Dios que se percibe en los países más industrializados, donde debido entre otros factores a la abundancia de bienestar material,  de tecnología, de entretenimiento y de consumismo, se han estado olvidando de si mismos, de su propia dimensión espiritual y de Dios, su Creador.

Para ilustrar en forma figurada y de manera sencilla la relación causa-efecto que existe entre la crisis existencial y la crisis espiritual, he seleccionado un objeto muy común y de uso cotidiano como son los recipientes. Si bien el recipiente es algo ordinario, como símbolo para explicar mi argumentación que viene a continuación, tiene una enorme fuerza de evidencia, incluso me atrevería a decir, hasta mágica.

Empecemos entonces por refrescar la definición y la función del recipiente:

El recipiente es un objeto para guardar o contener algo. Como su propósito y finalidad son la de guardar o englobar un contenido, es el contenido en consecuencia lo de mayor valor y es además, mucho más necesario que el recipiente. Un recipiente sirve para lo que fue fabricado y cumple su propósito, única y exclusivamente cuando contiene algo. Esa es la razón de su existencia. Si está vacío, no sirve de nada  y se desecha. El contenido es lo valioso, lo útil y lo importante.

Antes indagar sobre el sentido de nuestra propia vida y de nuestro destino último, tenemos primero que remontarnos al tema de nuestro origen como seres humanos, y preguntarnos quiénes somos, porqué existimos y qué nos sucede después de la muerte?; lo cual es como un deseo primario del hombre o una curiosidad existencial, que aflora en el transcurso de nuestra vida de vez en cuando, sobre todo en las ocasiones que estamos muy afligidos o sufriendo.

En vista de que el hombre no está en capacidad de responder de manera absoluta y convincente esa incógnita vital, la explicación de nuestro origen la ha recibido por medio de una revelación de Dios, que en el caso de la civilización occidental, la encontramos en el Libro del Génesis en la Biblia.

Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Génesis. 2,7

La Sagrada Escritura nos relata que en el momento de la creación del mundo y todas las criaturas que conocemos, los seres humanos recibimos de Dios el espíritu inmortal como constituyente de nuestra existencia, el cual se manifiesta en esa fuerza substancial y el propósito natural de vivir que todos poseemos, a la que los antiguos sabios llamaron en latín animus o alma.

Una de las verdades divinas más trascendentales relevada por Dios, es la existencia del espíritu en el ser humano. La realidad indiscutible de que el hombre es una dualidad de cuerpo y alma, que es nuestra dualidad original, que somos un cuerpo con un espíritu, que somos la unión perfecta de una naturaleza material visible y una naturaleza espiritual invisible en el mismo ser.

El término dualidad quiere decir:  la reunión dos fenómenos opuestos en una misma persona o cosa.

Es oportuno mencionar aquí un aspecto importante relacionado con mi interpretación del mensaje contenido en el Evangelio, la cual está basada en la creencia de que el cuerpo y el alma son dos substancias esencialmente distintas e independientes. Nuestro ser está formado entonces de dos dimensiones: el cuerpo (dimensión física) y el alma (dimensión espiritual).

Ésta realidad concreta que somos, se deja representar maravillosamente con el símbolo del recipiente: el ser humano es un recipiente porque contiene el espíritu o alma. Es el apostol Pablo el que hace la magistral representación simbólica del creyente con un recipiente en la Sagrada Escritura:

Pero nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios.
2. Cor 4, 7

En su primera carta a los Corintios Pablo afirma una vez más que somos recipientes (templo) del Espíritu de Dios y que habita en nosotros, cuando encara a sus oyentes diciendo:

¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? 1 Corintios 3, 16

Hablando en forma figurada, el ser humano es más bien un espíritu que vive encerrado en un cuerpo físico, ya que todas las cualidades de la persona única o sujeto inteligente que nos caracteriza como individuos, son fuerzas o potencias espirituales como por ejemplo: el entendimiento, la voluntad, la conciencia, los pensamientos, la memoria, la fe, el amor, la esperanza, las pasiones, la justicia, el perdón, el consuelo, la paz interior, la prudencia,  la fortaleza, la templanza, la bondad , la malicia, etc.
De allí que hasta podríamos también afirmar con propiedad, que somos seres espirituales o realidades espirituales que existimos en un cuerpo.

Es muy conveniente que éste conocimiento de sí mismo y la conciencia de nuestra propia dimension espiritual los tengamos siempre presente, y que con la ayuda de la imaginación, tratemos de visualizar ese espíritu que llevamos dentro y que sentimos cuando sobrepuja a todas las exterioridades de nuestro cuerpo, cuando se manifiesta por medio de nuestro estado emocional y el comportamiento a través de las expresiones visibles y audibles conocidas: las palabras, la risa, el llanto, las caricias, el buen ánimo, el enamoramiento, la tristeza, la alegría, el mal humor, los afectos, los deseos, las pasiones, etc.

¿Qué significa ésta verdad bíblica para nosotros, de que el espíritu habita en nuestro cuerpo, y cuáles son las implicaciones de ser amados por Dios y de ser los recipientes de tan divino tesoro?

El significado es realmente grandioso! Si creen en la Palabra de Dios, traten ustedes por favor de imagínarse esa alegoría de que son unos recipientes o cántaros que contienen el espíritu de Dios, que son los tesoreros de un espíritu divino, que lo llevan dentro de su cuerpo, y que es precísamente por esa razón, que en la Biblia dice que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios.(Génesis 1, 26)

Eso es lo que tú y yo somos: recipientes y tesoreros del espíritu de Dios, y no descendientes de los monos, como lo cuentan con arrogante ligereza en la escuela.

Nuestra alma es la parte espiritual que tenemos de Dios, en el cuerpo. Somos seres dotados de un cuerpo material y mortal, cuya composición Pablo en forma simbólica la compara con el barro, y de un alma, a la que por ser inmaterial e inmortal, el Apóstol la califica: el tesoro.

Por lo tanto, la importancia del alma es mucho mayor que la del cuerpo, por ser espiritual, de origen divino y eterna. Como recipientes guardamos un gran tesoro: el alma.

Para un alma infeliz, algunas veces un cuerpo sano no es nada más que una prisión insoportable, cuyas cadenas son lamentablemente quebrantadas por el suicidio. Porque los males del alma, los pecados y las infelicidades de todo tipo constituyen para el individuo un peso mucho más doloroso y mucho más terrible de soportar, que todos los padecimientos físicos.

No fue para salvar nuestros cuerpos que el Señor Jesucristo vino al mundo y se hizo inmolar en la Cruz del Calvario en expiación de los pecados de sus criaturas. No fue para salvar los cuerpos que la Iglesia fue instituida, ni es para salvar cuerpos que los sacramentos existen.

Cuando el señor Jesús sanaba cuerpos, era constantemente con el fin principal de salvar sus almas. Dios permite enfermedades y grandes dolores físicos en las personas para atraerlas a la penitencia por medio del sufrimiento. Lo que quiere decir, que Él permite que los cuerpos se enfermen y mueran, para que sus almas se salven.

Por pura Gracia, Dios nos ha concedido el don de considerarnos como sus hijos, y por la Obra redentora del Señor Jesucristo, el privilegio de llamarlo nuestro Padre celestial. El sabernos amados por Dios como sus hijos, nos permite estimar más nuestro propio valor como personas que somos, por el hecho de que tenemos a nuestro Señor Jesucristo y el Evangelio como referencia firme e indiscutible para darnos el valor que merecemos y por lo tanto, no darle en cambio tanta importancia a los criterios materialistas y utilitarios, según los cuales estamos siendo valorados por el sistema socio-económico dominante, que ha establecido una escala de valores que menosprecia la dignidad inherente de las personas, como son: nivel de educación, ingreso económico, estrato social, profesión, apariencia, conocimientos, rasgos étnicos, rendimiento en el trabajo, etc.

Si aceptamos como verdad absoluta la existencia de Dios como Creador del Universo, su Santa Palabra y la Vida y Obra Redentora de su Hijo Jesucristo, cada creyente cristiano puede estar seguro de que como ser humano, su vida posee un sentido innato, un propósito supremo concedido por Dios, que es inherente a su propia existencia y que le confiere ya significado y plenitud básicos a su vida, independientemente de sus aptitudes y su destino.

Dios tiene para cada uno de nosotros una vida con finalidad y además provechosa, pero por lo general no nos revela su propósito, para que aprendamos a confiar en Él bajo cualquier tipo de circunstancias en que nos toque vivir.

Según mi opinión, la crisis existencial de la que habla el señor Frankl es por lo tanto, la consecuencia lógica del enfriamiento de la fe en Dios, de la pérdida del interés por lo divino y del olvido de la propia espiritualidad, que se derivan de ese frívolo estilo de vida de la sociedad actual, con el que pretendiendo ignorar a Dios y la tradición cristiana, nos hemos entregado al placer y al consumo sin riendas y sin miramientos.

Al olvidarse de Dios, el ser humano no se da cuenta de que simultáneamente se está olvidando de sí mismo, porque en realidad la esencia del hombre es su interioridad, su conciencia, es decir, el fondo de sí mismo, donde se encuentra el alma y por lo tanto la imagen de Dios. Ésto sucede, porque nosotros estamos acostumbrados a pensar, que nuestro ser sólo consiste en nuestra exterioridad: el cuerpo material y visible que percibimos con nuestros sentidos.

No pensamos, ni recordamos que somos justamente “recipientes de carne y hueso”. Y al olvidarse de su contenido, el hombre-recipiente se siente entonces como si estuviera vacío, y al creerse vacío, pierde su propósito original y termina así por perder el sentido de su propia vida.

Esa es la razón por la que yo he resuelto llamar al fenómeno del vacío existencial de una modo más preciso: la falta de memoria del recipiente de carne y hueso.

Los humanos somos sin lugar a dudas seres muy complejos, no solamente tenemos que hacer infinidad de tareas y trabajos, sino tambien tenemos que desempeñar diversos roles o funciones.

Ésta función humana de servir de recipiente del espíritu de Dios, que ahora para nosotros nos resulta extraña, era entre los creyentes cristianos en la Antigüedad seguramente más conocida, que en ésta época nuestra caracterizada por el racionalismo y la ideología del materialismo y del consumo, los cuales están apartando a Dios y la espiritualidad cristiana de la vida pública, mediante la poderosa influencia de los medios de comunicación y la industria del entretenimiento, que atraen y dominan la atención de los individuos en todos los ámbitos de sus actividades, manipulándolos con maña para su propio provecho económico.

Si hay algo que no debemos de olvidar es el espíritu que llevamos dentro, nuestra esencia divina y eterna, el cual nos hace únicos, irrepetibles, dignos por el sólo hecho de existir, no tanto por sus dotes intelectuales o talentos, sólo por ser personas e hijos de Dios.

Concluyo ésta reflexión con unas bellas frases de dos grandes místicos cristianos:

“Conócete a ti misma, alma hermosa: tú eres la imagen de Dios”.  
Ambrosio (349-397)

“Dios esencial y presencialmente está escondido en el íntimo ser de tu alma”
Juan de la Cruz (1542-1591)

La Biblia es el espejo fiel de nuestras pasiones, luchas y anhelos

Existen unos estados de ánimo o comportamientos opuestos que se definen en el idioma español con las siguientes expresiones de uso común:  estar dentro de sí (la serenidad) y estar fuera de sí (la alteración).

De estos estados mentales antagónicos en los seres humanos, el de la serenidad es el considerado como el más normal, primero, porque es el comportamiento más frecuente en las personas, y segundo, por ser el más apropiado para pensar, reflexionar, evaluar,  analizar, tomar decisiones, y finalmente, para actuar  convenientemente al afrontar los desafíos que la vida nos impone.

Por esa razón vamos a tratar de exponer e ilustrar a continuación, qué es eso que nuestros antepasados denominaron: estar dentro de sí.

La primera pregunta lógica, que se deriva de esas expresiones y que uno como desconocedor de la materia se hace, es: ¿qué es lo que sale de uno mismo y qué es lo que entra? Se podria decir entonces, que ese algo que sale y entra, son los pensamientos y la atención del individuo, los cuales nadie duda de su existencia real, pero que sin embargo, son invisibles e inmateriales por ser de naturaleza  espiritual, y por eso suceden de forma oculta.

Hoy en día a los pensamientos, las ideas y la atención, los alojamos simbólicamente  en nuestro cerebro, pero los antiguos griegos en su tiempo los alojaron en el corazón y los Israelitas mucho antes todavía, los alojaron a su vez en el hígado. Independientemente del órgano humano donde se quiera alojar a las ideas, es sin duda del interior de nuestro cuerpo, de donde éllas surgen y tienen su origen. Los pensamientos emergen de nuestro intelecto, de nuestra conciencia personal, de nuestro yo interior, es decir, de nuestra alma.

Cuando el ser humano se expresa con sus pensamientos e ideas, se manifiesta su conciencia, se afirma como persona concreta y real, afirma su conciencia, la cual es tambien una potencia espiritual humana.

Al estar dentro de sí, nos encontramos espiritualmente en nuestra alma, estamos concretamente en otro mundo, que no está en el mundo natural exterior conocido: nuestro mundo interior. Cuando reflexionamos y meditamos,  hablamos entonces en nuestro interior con nosotros mismos y para eso nos recogemos en nuestra interioridad, desentendiéndonos por algunos instantes del mundo exterior.

Nuestra conciencia, nuestras ideas, nuestros sentimientos, nuestras vivencias espirituales, es decir, nuestro mundo interior, es lo más verdadero y auténtico de nuestra existencia, y por esa sencilla razón, es lo que más deberíamos de consultar y escuchar a la hora de tomar decisiones en la vida.

Eso justamente, es lo que han hecho los grandes héroes de la fe, como el rey David de Judá hace más de 3000 años, quienes han quedado como modelos a imitar para toda la humanidad, y de quienes todos nosotros podríamos aprender muchísimo.

Fíjense en ésta manera tan expresiva y al mismo tiempo tan solícita y cariñosa, con la que David dice para sus adentros clamando: ¿Alma mía por qué te abates, por qué te turbas dentro de mi? Salmo 42, 11

¿Quién no se ha sentido alguna vez, así de triste, de abatido interiormente, de turbado y desconsolado como se sintió David en ese momento?

La Biblia, además de ser la Santa Palabra de Dios y de servir de alimento espiritual para la humanidad, en élla estan descritos y reflejados todos aquéllos estados y las pasiones del alma humana, que todo hombre y mujer han experimentado y padecido en algún momento de su vida.
Por esa razón, se podría considerar la Biblia como el espejo veraz y probado del espíritu humano, de todos los tiempos.

Los espejos normales frente a los cuales nos posamos para contemplarnos, nos muestran sólamente nuestra máscara de carne que llevamos como cuerpo, nos muestran nuestra apariencia y el aspecto físico, nos muestran como nos ven los demás. Pero esos espejos no nos pueden mostrar quién y cómo somos verdaderamente, no nos muestran ni la conciencia ni el alma. Podríamos decir entonces, que las imágenes de las personas que reflejan los espejos, en realidad no son más que un espejismo, una ilusión óptica de lo que en verdad somos.

La Palabra de Dios, que está plasmada en la Biblia no nos muestra al leerla ni figuras de cuerpos, ni máscaras de carne, ni las apariencias de la gente sobre la cual escribe y relata; nos muestra principalmente sus pensamientos, sus hechos, sus sufrimientos, sus aflicciones, sus alegrías, sus satisfacciones, sus luchas, sus sueños, sus defectos, sus virtudes, sus clamores, sus miserias; en resumen, nos muestra el alma humana universal como es, y toda la gama de situaciones y estados posibles, que cualquier ser humano es capaz de vivir y padecer en el transcurso de su vida terrenal.

Es muy cierto que la lectura de la Biblia cuando nos iniciamos en élla, resulta ser dificil, pesada, incomprensible, cruel, despiadada, desgarradora, etc; pero eso sucede porque a todos nos cuesta aceptar que la vida real y el mundo en que vivimos son efectivamente así de crueles, y que esa es la cruda realidad.

Dios nos dice allí la verdad sobre el ser humano y habla con franqueza, nos muestra lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Dios en su Palabra descarna al hombre y a la mujer, y expone así el alma humana sin paliativos y sin disimulaciones.

Eso justamente es uno de los grandiosos méritos de la Biblia: ser el verdadero reflejo del alma humana y el testimonio de la Obra de Dios.

Esa bella expresión de David  “Oh alma mía”, que utiliza para dirigirse a sí mismo, nunca antes la había yo escuchado, y cuando la leí por primera vez me asombró e impresionó tanto, que me quedó grabada en la memoria, porque en esa época me encontraba yo interiormente igualmente abatido y turbado, por un enorme sentimiento de culpa y una fuerte depresión, como supongo se debió haber sentido David, y como se habrán sentido innumerables seres humanos, sino todos, en algúna ocasión de su vida.

Ese salmo de David, es por cierto, una muestra excelente y práctica del amor a sí mismo, al que se refirió Jesucristo en su mensaje sobre el mandamiento más importante.

El amor a sí mismo consiste en atender a nuestra propia alma apropiadamente y corresponder en lo posible sus necesidades fundamentales que son: el conocimiento de la verdad, el amor espiritual, la fe y la esperanza.

La lectura de los salmos de David en la Biblia, ha sido para mi una fuente maravillosa de consuelo, de comprensión y de solidaridad espiritual, porque los salmos me enseñaron en primer lugar, una manera de acudir a Dios por su ayuda y de expresar acertadamente mi propia aflicción y sufrimiento, y en segundo lugar, me enseñaron que otras personas tambien habían experimentado experiencias tormentosas en sus vidas y que habían sufrido en una forma muy similar a la mía.

Aprendí que en esas luchas, que en la vida tenemos necesariamente que librar, tanto en nuestra alma como en el mundo exterior, para sobrevivir y lograr mantenernos en el camino correcto, podemos acudir con toda confianza y humildad a Dios nuestro Padre celestial, en busca de la orientación, de la fortaleza y de la perseverancia que tanto necesitamos para superar las dificultades, y poder salir bien del combate vital, en que todos nosotros sin excepción, nos encontramos en ésta dura y cruel vida terrenal.

Si en alguna de las innumerables luchas que la vida nos pone en nuestro camino, si nuestra alma se llegara abatir por algo, si nos sentimos derribados moralmente, lo mejor que podemos hacer es, recogernos en la intimidad de nuestro ser, estar dentro de sí, centrárnos en lo más profundo de nuestra alma, y dirigirnos a élla y alentarla cariñosamente con las poderosas promesas que Dios nos ha revelado en su Palabra, tal como lo hizo el rey David durante su vida llena de peligros y dificultades.

Si nuestra propia alma está turbada y abatida, ¿cómo podemos nosotros esperar poder ayudar,  consolar y hacer algo eficaz a los que nos rodean? Si nosotros no atendemos y tratamos con amor y dedicación al alma nuestra, ¿cómo vamos ser capaces de amar y atender las necesidades de los demás?

Sería la misma situación, como cuando nuestro Señor Jesucristo les recriminó a los fariseos, por medio de la conocida comparación aquélla de: el ciego que guía a otro ciego.

El cristianismo enseñó el valor del recogimiento, del ensimismamiento, actitud totalmente necesaria para poder entrar dentro sí, poder hablar con nosotros mismos y poder dirigirnos espiritualmente a nuestro Señor Jesucristo por medio de la oración y el clamor.

«Causa reparo el enumerar todo lo que cada uno advierte y reprende en sí mismo con mayor acierto con sólo mirar atentamente al espejo de las Sagradas Escrituras». 
Agustin de Hipona

El nuevo pacto de Dios con el pueblo judío, fue realizado por el Señor Jesucristo cuando vino al mundo, y por esa razón, en realidad somos los creyentes cristianos el nuevo pueblo Dios.

El gran profeta de Israel Jeremías, en el capítulo 31 de su Libro que se encuentra en el Antiguo Testamento de la Biblia, le dedica 13 versículos al Nuevo Pacto que Dios decidió hacer con la Casa de Israel y con la casa de Judá. Estos son tres versículos que he seleccionado por ser claves y fundamentales de esa profecía:

He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.

No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.

Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.
Jeremías 31: 31-33

A continuación encontrarán una excelente y hermosa meditación sobre el capítulo 31 de Jeremías, que escribió el predicador inglés Charles Spurgeon:

Yo seré a ellos por Dios“ Jeremías 31:33

!Cristiano! Acá está todo lo que necesitas. Para ser feliz querías algo que te diera satisfacción, ¿no es esto suficiente? Si no puedes verter esta promesa en tu copa, no podrás afirmar como lo hizo el rey David: „has llenado mi copa a rebosar“ (Salmo 23: 5), tengo más de lo que el corazón puede desear.
Cuando esta promesa, „Yo seré su Dios“, se cumple, ¿no eres poseedor de todas las cosas? El deseo es insaciable como la muerte, pero aquel que puede llenarlo todo puede satisfacer el deseo. ¿quién puede conocer la medida de nuestros deseos, sino la inmensurable riqueza de Dios que puede rebasarla?

Te pregunto: ¿Te sientes incompleto aún cuando Dios es tuyo? ¿Deseas algo aparte de Dios? Si todo lo demás fallara, ¿no alcanzaría la completa suficiencia de Dios para satisfacerte? Pero tú querías más que serena satisfacción, deseabas deleite extremo. Ven, alma, aquí en tu porción existe música digna del cielo, pues Dios mismo ha creado el cielo. No toda la música ejecutada con dulces instrumentos, ni proveniente de seres vivientes, puede entregar una melodía semejante a la de esta dulce promesa: „Yo seré su Dios“.

Encontramos aquí un profundo océano de gozo, un infinito océano de de deleite. Ven, baña tu espíritu en él, nada prolongadamente y no encontrarás la orilla, sumérgete en la eternidad, y no encontrarás el fondo. „Yo seré su Dios“.
Si esto no hace que tus ojos brillen y que tu corazón palpite aceleradamente con gozo, tu alma no está sana. Pero tú deseabas más que placeres actuales, anhelaste algo por medio de lo cual pudieras ejercitar la esperanza, y ¿qué más puedes desear excepto que se cumpla esta gran promesa?: „Yo seré su Dios“.

Esta es la obra maestra de las promesas. Disfrutarla es tener el cielo en la Tierra, y hará también que sea el cielo allá arriba. Sumérgete en la luz del Señor, y permite que tu alma sea siempre satisfecha con su amor. Extrae el tuétano y la grosura que esta porción te entrega. Vive de acuerdo a sus privilegios y regocíjate con gozo indecible.

El arte de vivir sin preocupaciones

A muchísima gente joven en la actualidad y también a muchos que ya tienen el cabello canoso, se les hace muy difícil creer, que un libro escrito hace miles de años como es la Biblia, pueda tener validez en nuestra época moderna, y que su variado y enorme contenido de enseñanzas y revelaciones divinas, pueda servir de guía cierta y eficaz para sus vidas hoy en día, y que además, se encuentren en élla, una infinidad de recomendaciones prácticas capaces de transformar la vida de cualquier persona y de llenarla de gozo, sentido y plenitud.

Con éste escrito me propongo ilustrarle a todos aquellos que dudan todavía de la vigencia y la eficacia de la palabra de Dios, cómo en un mensaje contenido en el siguiente consejo personal que San Pablo le dió a un pequeño grupo de personas en la ciudad de Corintios, el gran apóstol nos reveló la poderosa herramienta psicológica de la que disponemos en nuestra mente, para lograr evitar las preocupaciones que le roban la quietud al alma humana:

«Hermanos, os digo esto: el tiempo es corto. Por tanto, en lo que queda, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no disfrutasen. Porque la apariencia de este mundo pasa. Yo quiero que ustedes vivan sin inquietudes.”
1 Corintios 7, 29 -32

La clave del mensaje esta en la expresión: hacer como si. La conducta de hacer como si, es una herramienta psicológica natural del ser humano, la cual la desarrollamos a muy temprana edad en la infancia. En la experiencia del juego simbólico de los niños, el pedagogo suizo Jean Piaget relata lo siguiente:

«En una niña el símbolo lúdico con todas las apariencias externas de la conciencia del ‘como si’ comenzó al año, 3 meses y 12 días», cuando con un trozo de tela hace como habitualmente hace con su almohada. El niño se limita a hacer ‘como si ‘ ejerciera una de sus acciones habituales, ‘como si’ durmiera, se lavara, se meciera, comiera, … esquemas que ejerce simbólicamente, puesto que actúa en ausencia de los objetivos habituales de estas acciones y de todo objeto real»

En el juego simbólico, se hace referencia a un objeto o fenómeno ausente como asimilación de lo real. Al principio, estos juegos se centran en los aspectos y elementos más cercanos al niño, como la familia, el colegio, los amigos, etc. para luego pasar a aspectos más alejados a su estilo de vida, como diferentes personas profesionales. En ésta etapa se habla de un fuerte egocentrismo por parte del niño, ya que este, mediante el juego, deforma la realidad con el fin de satisfacer sus necesidades.

Conforme a su crecimiento, en un grado más de complejidad, el niño corrige la realidad en su juego, más que reproducirla. Piaget nos habla de la existencia de una intencionalidad en este cambio, con el objetivo de compensar sus frustraciones y deshacerse de las tensiones.  A través de la imaginación, el infante reproduce la realidad conforme a sus deseos. Jugando entonces, el niño aísla el contexto o situación desagradable, asimilándolo de forma progresiva.

Los niños durante su desarrollo y crecimiento se ven constantemente forzados a adaptarse al mundo social de los adultos y a un mundo exterior que todavía no comprenden bien. Es entonces cuando se hace necesario el juego imaginario,  como mecanismo psicológico que el niño en su mente emplea para transformar lo real y nuevo del mundo exterior a las necesidades del yo, por asimilación.

El individuo una vez que ha llegado al la edad adulta continúa haciendo uso de juegos psicológicos y de juegos de placer, tanto es así, que el historiador holandés Johan Huizinga en 1939 escribió un libro que se titula homo ludens (el hombre jugador), en el que se expone un modelo descripitivo, según el cual, el ser humano desarrolla sus capacidades a traves del juego. Huizinga concluye afirmando, que el hombre necesita del juego como forma elemental de encontrarle sentido a su vida.

Eric Berne creador del Análisis transaccional, según su experiencia terapéutica menciona entre las finalidades de los juegos psicológicos en los adultos estan las siguientes :

  • Una forma de saciar el hambre de reconocimiento.
  • Obtener un perdón que es forzado por las disculpas
  • Conservar el equilibrio psíquico y la salud
  • Manipular a los demás
  • Demostrarse a sí mismo y a los otros que lo que se cree o se piensa de sí mismo es cierto
  • Dar salida a los malos sentimientos acumulados

La persona tambien hace uso de lo que Sigmund Freud llamó los mecanismos de defensa del Yo, los cuales no son más que estrategias mentales para interrumpir el curso de las vivencias presentes y los sentimientos asociados a estas vivencias. En algunos casos estas estrategias defensivas del Yo sirven para garantizar la supervivencia.

Nuestra vida interior secreta constituida por la conciencia, deseos, sentimientos, ideas, pensamientos y fantasías, es tan real como nuestra vida pública, porque forma parte de nuestra naturaleza. Ese mundo interior nuestro tiene una propiedad formidable: hace al sujeto prácticamente omnipotente en esa realidad. A diferencia de lo que sucede en la vida pública, en la interioridad los deseos se satisfacen de manera inmediata, es decir, la sustitución pasajera de la vida pública. Esa es una de sus funciones más importantes como mecanismo para asegurar la supervivencia, en particular cuando el individuo se encuentra en situaciones extremas como guerras, catástrofes,  horribles prisiones y  enfermedades incurables. Gracias a nuestra vida interior podemos soportar la vida pública, colmada de dificultades, penas y sufrimientos.

El uso de la actitud y del comportamiento como si es tan normal y frecuente en la sociedad, que el filósofo alemán Hans Vaihinger(1852-1933) escribió una obra titulada: “La filosofía del como si”. En su obra expone Vaihinger la teoría del ficcionalismo, según la cual, el conocimiento, en todas sus diversas manifestaciones (ciencia, filosofía, moral, religión, etc.) es una trama de representaciones ficticias, irreales, cuya única finalidad es ayudar al individuo y a la especie a que se orienten en su lucha permanente por la adaptación y la supervivencia. Vaihinger demostró que el pensamiento ficticio es una facultad humana fundamental, destacando su omnipresencia y variedad.

Comportarse como si, es un instrumento psicológico muy potente que nos ayuda a realizar unos cambios positivos en nuestra vida.
En la literatura popular la expresión como si se encuentra por todas partes, como por ejemplo  en la siguiente frase del famoso escritor británico Oscar Wilde en su obra « Sobre las mujeres » :
« El hombre ideal sería el que nos hablase como si fueramos diosas y nos tratase como si fueramos niñas. »

Después de todos los argumentos expuestos hasta ahora, puedo sin lugar a dudas afirmar, que para nosotros el hacer como si, es decir, imaginar, fingir, aparentar y disimular, es tan natural y tan fácil como beber agua.

Sólamente necesitamos tener un motivo para hacerlo y sobre todo, una meta que deseamos alcanzar con la ficción: el beneficio concreto y el servicio práctico que la ficción le prestará a nuestra existencia. Una vez que nos creamos una meta ficticia, luchamos por alcanzarla como si equivalieran al éxito, la felicidad y la seguridad.

Ahora bien, lo importante es saber definir la meta ficticia que deseamos alcanzar en función de su utilidad y de su valor para nosotros. En vista de que en la vida no podemos alcanzar ni disfrutar de todo lo que deseamos, tenemos que elegir y establecer prioridades.

Es importante señalar aqui, que el vivir una vida sin preocupaciones, no es una meta imposible de alcanzar. Si Pablo lo dice, es porque él lo sabe por experiencia propia. Nadie da un consejo que es imposible de lograr. Mucho menos San Pablo en éste caso.

Por lo tanto, la pregunta para el lector es: ¿Consideras tu valioso y útil para tu existencia, el poder vivir la vida sin angustias? Si la respuesta es afirmativa, pasemos entonces a la exposición de una serie de argumentos y experiencias personales, que nos pueden ayudar a aprender el arte de vivir sin preocupaciones.

Porque la apariencia de este mundo pasa”.

Ciertamente éste mundo es apariencia, es algo no definitivo que siempre está cambiando, y que pasa, es decir, muda de estado y deja de ser. Tanto es apariencia lo que nos rodea, que se podría comparar con los decorados y vestuarios que se montan y se cambian en el escenario de un teatro, para ser utilizados como escenografía en una obra teatral. Junto con el mundo pasan y cambian con el tiempo igualmente nuestros cuerpos, nuestros pensamientos, actitudes, deseos, gustos, valores, opiniones, etc. Esa transitoriedad le resta importancia inevitablemente a todas las instancias de éste mundo, al relacionarlas con lo eterno, con lo permanente.

Sin embargo, es esa una gran realidad que el ser humano en sus años de juventud, por lo general se resiste a creer, porque éste mundo es lo único que ve, conoce y tiene. Por lo tanto hay que reconocer, que es una situación difícil de aceptar para mucha gente.

El reformador alemán Martin Lutero, refiriéndose a ese párrafro de San Pablo que nos ocupa, escribió:

La vida presente del cristiano es un aguardar la vida eterna. Pocos son, en efecto, los que esperan aquella otra vida con una certeza tal que la dan por más segura que la vida presente, y que contemplan la vida presente a través de lentes coloreados, aquella otra en cambio con ojos no enturbiados por nada. Por esto se nos dice en 1. Corintios 7 que «los que disfrutan de este mundo, sean como si no lo disfrutasen; los que compran, como si no poseyesen; los que tienen esposa, sean como si no la tuviesen«. Ya que después de esta vida que vemos con nuestros ojos corporales viene otra vida, mejor que ésta, el apóstol nos hace aparecer la vida terrenal en una luz dudosa, para que no la consideremos nuestra vida verdadera y genuina, sino que sólo la miremos de reojo. Aquella otra vida en cambio, con miras a la cual hemos recibido el evangelio y el bautismo, ésta debemos esperarla, estar completamente seguros de ella, y tener los ojos puestos fijamente en ella.”

La promesa de Cristo Jesús sobre la vida eterna, es la primera promesa de la que tiene que apoderarse un cristiano en su vida como creyente. Precísamente porque nuestra vida terrenal es pasajera y la apariencia de este mundo pasa. La esperanza de la vida eterna en el Reino de Dios, es el ancla más firme y más potente en la vida cambiante, pasajera y atormentada de un ser humano.

En ese sentido el monje capuchino Raniero Cantalamessa dice muy acertadadmente:
“Descartada la esperanza de la eternidad, el sufrimiento humano parece doble e irremediablemente absurdo.”

El poeta Juvenal de la antigua Roma que vivió en el siglo primero, escribió:
“El mayor crimen es preferir la vida al honor y, por vivir la vida, perder la razón de vivir.”

Y San Agustín por su parte se hizo la siguiente interrogante:
¿De qué le sirve vivir bien, al que no puede vivir para siempre?

Al vivir la vida sin la esperanza de la eternidad después de la muerte, se arriesga uno a perder el sentido de la vida, a no encontrar el propósito supremo para vivir y sufrir. Con los pies en la tierra y el corazón en el cielo, alguien ha calificado así la actitud adecuada de los cristianos, en posición vertical, como una persona libre, arraigado firmemente en la tierra, en la vida cotidiana, de ninguna manera apartado del mundo, pero con la mirada puesta en Jesús resucitado y con el corazón en el cielo.

y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen

El desapego al que se refiere San Pablo, no se refiere sólo a lo material sino tambien al mundo de los sentimientos o a los estados de ánimo como el sufrimiento y la alegría, los cuales han de ser manejados con libertad interior, como es propio de quien tiene puestos los ojos en la verdadera vida en Cristo.

La libertad interior, es la única libertad que podemos alcanzar de forma absoluta, si así lo deseamos. Esa libertad que somos capaces de ejercer en nuestra mente, en nuestra vida interior, es la que nos permite adoptar la actitud mental del «como si «. La libertad interior, además de ser la única libertad que somos capaces de disfrutar sin limitaciones, es la que nos proporciona verdaderas satisfacciones y dicha. Sólo necesitamos tomar conciencia de que todavía poseemos esa capacidad natural en nuestra mente, y aprender de nuevo a utilizarla como lo hacíamos antes, cuando éramos niños.

Pablo nos advierte, el procurar no desviar nuestra atención de lo que es perpetuo, por meras cuestiones temporales.

Si sufrimos debemos procurar no agobiar demasiado tiempo nuestra alma, ni en la más profunda tristeza, como tampoco dejarla caer en el extravío, aún en la alegría más completa, que a menudo resulta ser pasajera e inconsistente. Se trata entonces de no perder la paciencia, ni la esperanza, y de mantenernos firmes tanto en los tiempos buenos y como en los malos.
Es un gran consuelo para todos aquellos que lloran y que estan de duelo, saber que todo dolor en este mundo tendrá su fin y pasará, porque el tiempo de esta vida terrenal es corto, si muy corto. Si lloras, has de saber que el llanto es también pasajero, porque en el Reino de Dios nos espera la alegría y la paz eterna.

Refieréndose al uso de todos los bienes materiales que el mundo ofrece, Pablo nos aconseja que de ningún objeto lleguemos a decir, que sin esto o sin aquello no podríamos vivir, sea lo que sea. Solamente nuestra libertad interior y una cierta distancia de las cosas del mundo harán posible que no estemos preocupados por la eventual pérdida de esos bienes, y que las preocupaciones de esta vida y los encantos de las riquezas no terminen por asfixiar nuestro anhelo por la vida eterna.

En Dios están nuestras vidas en buenas manos con todo lo que eso significa, en la fortuna y en el fracaso, en la alegría y en la tristeza, en la riqueza y en la pobreza, tanto en nuestra interioridad como en la exterioridad.

el tiempo es corto.”

Con esta frase, entiendo yo, que Pablo se refiere a la duración de la vida terrena.
Si el tiempo de vida promedio de 80 años para un ser humano sano, lo comparamos con la duración de la eternidad, el tiempo de vida se convierte en menos que breve, se convierte en insignificante.

Aquellos que han alcanzado una edad madura  y que estan ya disfrutando de sus nietos, cuando echan una mirada retrospectiva al pasado, saben por experiencia propia que el tiempo de vida pasa muy rápidamente y que ni siquiera nos percatamos de ello mientras transcurre. Por el contario, los adolescentes y las personas jóvenes perciben el paso del tiempo, como demasiado lento y hasta como si se detuviera a veces.

Sin embargo, a pesar de que ni los unos ni los otros están muy concientes de su avance inevitable, la vida fluye, el tiempo transcurre y la apariencia del mundo pasa.

Concluyo con un poema del escritor y poeta mexicano Amado Nervo (1870-1919), ilustre talento de la literaura latinoamericana, en cuya obra se destaca la enorme influencia que el misticismo y la espiritualidad cristiana ejercieron en su vida. Su título: ¿Amas a Dios?

«Si amas a Dios, en ninguna parte has de sentirte extranjero, porque Él estará en todas las regiones, en lo más dulce de todos los países, en el límite indeciso de todos los horizontes.

Si amas a Dios, en ninguna parte estarás triste, porque, a pesar de la diaria tragedia, Él llena de júbilo el universo.

Si amas a Dios, no tendrás miedo de nada ni de nadie, porque nada puedes perder y todas las fuerzas del cosmos serían impotentes para quitarte tu heredad.

Si amas a Dios, ya tienes alta ocupación para todos los instantes, porque no habrá acto que no ejecutes en su nombre, ni el más humilde ni el más elevado.

Si amas a Dios, ya no querrás investigar los enigmas, porque le llevas a Él, que es la clave y resolución de todos.

Si amas a Dios, ya no podrás establecer con angustia una diferencia entre la vida y la muerte, porque en Él estás y Él permanece incólume a través de todos los cambios.«

La supuesta libre voluntad del ser humano es una ilusión

Un reconocido científico alemán llamado Wolf Singer estremeció en el año 2001 a muchos filósofos y psicólogos a nivel mundial con el resultado de sus investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro humano, las cuales confirman una vez más, que es una ilusión la creencia de que los seres humanos actuamos por libre voluntad o libre albedrío. El neurobiólogo Singer afirma que lo que se conoce como voluntad libre en el sentido tradicional y moderno no existe. En realidad, todo querer y obrar es el resultado de una disposición neurobiológica determinada en el cerebro y por eso el ser humano no es capaz de cambiar su comportamiento a través de la razón y la voluntad.

El sistema límbico del cerebro es considerado el epicentro de la expresión emocional y del comportamiento del cuerpo humano, el cual abarca los diferentes instintos naturales que poseemos y que controlan las actividades del cuerpo, como por ejemplo: el miedo, el hambre, el instinto sexual, la necesidad de dormir, el instinto de supervivencia, el asco, los celos, la envidia, etc.
Esa parte anatómica del cerebro humano es conocida entre los neurobiólogos como “el cerebro de lagarto”, porque está también presente en los peces, anfibios, reptiles y algunos animales mamíferos.

Cuando fue escrito el nuevo Testamento, ya se sabía que del cuerpo humano (la carne), es que surgen esas emociones y comportamientos negativos de la gente, que por ser prácticamente incontrolables, generaban finalmente divorcios, riñas, conflictos, pleitos, rivalidades, discusiones, etc.  
El apóstol Pablo escribe en su carta a los Gálatas lo siguiente:

Y manifiestas son las obras de la carne, que son: Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, Gálatas 5, 19-29

El filósofo francés Félix Le Dantec (1869-1917), en su famosa cita lo dice de manera clara y precisa: «El hombre es una marioneta consciente que tiene la ilusión de la libertad».
El tema de la voluntad humana y la supuesta autonomía total del hombre para tomar decisiones ha sido desde hace muchísimo tiempo muy discutido desde diferentes puntos de vista, sobre todo la cuestión de la llamada libertad plena del hombre, si es una realidad o si es solo una quimera. Como justamente lo está demostrando la ciencia actual.

Que la voluntad es una facultad espiritual ya lo reconocían en la antigüedad primero Platón y después el misticismo cristiano, al declarar la memoria, el entendimiento y la voluntad como potencias espirituales.
Lo queramos creer o no, la voluntad como facultad espiritual del hombre está también sujeta a la influencia de fuerzas espirituales, que no se pueden ver pero que existen y están presentes.
El reformador alemán Martin Luther (1483-1546) lo describió con la famosa frase: «El hombre es como un animal de carga: o es montado por Dios o por el diablo».

En la oración del Padre Nuestro, que Jesucristo nos dió el mandato de rezarlo todos los días, está incluida una frase sobre ese riesgo concreto y real de la influencia directa que tiene el mal, dirigido por satanás sobre los seres humanos:

Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por siempre. Amén. Mateo 6, 13

Otro factor muy importante que surge del cuerpo humano y que posee una gran influencia en el comportamiento humano, es sin duda alguna, el instinto sexual, el cual puede llegar a ser tan poderoso, que las ganas del apetito sexual logran superar y vencer nuestra propia fuerza de voluntad, y así terminamos cometiendo adulterio e incluso violaciones, principalmente en estos tiempos modernos en que la pornografía en internet, se puede mirar libremente y a toda hora en los teléfonos inteligentes, y está al alcance de adultos y niños.

Digo pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis. Gálatas 5, 16-17

Pablo explica en estos versículos la evidente oposición que existe entre nuestro cuerpo y nuestro espíritu, o dicho de una manera más específica, entre nuestros poderosos instintos naturales y nuestra interioridad espiritual. Debemos aceptar que esa lucha interior es y ha sido también una realidad en nuestras vidas, y que por lo tanto, cuando lleguemos a sentir los deseos o tentaciones de la carne, debemos mantenernos firmes y aferrados a lo que nos aconseje nuestra conciencia y a las palabras sabias de Pablo.

En una conversación que tuvo el señor Jesucristo con un grupo de fariseos judíos, les explica el riesgo que tenemos los seres humanos, de terminar siendo esclavos del pecado.

Le respondieron: Simiente de Abraham somos, y jamás fuimos esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo: Todo aquel que comete pecado, esclavo es del pecado. Juan 8, 33-34

Ahora bien, la libertad que Dios sí que nos concede es la de elegir quién va a dirigir nuestras vidas.

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres; y no os sujetéis de nuevo al yugo de esclavitud. Gálatas 5, 1

Para llegar a ser cristiano creyente no es suficiente estar bautizado, ni pertenecer a una iglesia, ni hacer rituales ni ceremonias exteriores. Es necesario buscar en Dios la gracia y la fortaleza para que puedas deshacerte y sacudirte de todo lo que te impide fijarte en Jesús, y con los ojos de la fe, en la vida eterna que Él nos promete. Es necesario creer en Él, seguir su camino y dejar que dirija nuestras vidas.

Recordemos siempre que mientras vivamos en este mundo, los creyentes cristianos no estamos nunca desamparados en nuestra vida espiritual. El Espíritu Santo de Dios, se encuentra obrando sobre nosotros por orden directa de Cristo Jesús resucitado, para fortalecer nuestra fe y consolarnos.

y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. Mateo 28, 20

No se puede uno imaginar la calma que siente el alma cuando el Señor Jesucristo toma el timón de nuestra vida y la dirige.

¡Qué bueno es para nosotros, conocer al Dios que nos conoce y nos ama!

El título del Salmo 139 de David es: “Omnipresencia y omnisciencia de Dios”, y sus 6 versículos iniciales son los siguientes:

Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has escudriñado mi andar y mi reposo, y mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravillosos para mí; alto es, no lo puedo comprender.

Ese salmo lo leí por primera vez hace muy poco tiempo, y les digo con satisfacción y alegría, que el mensaje de este salmo me fascinó y su texto me conmovió, por la sublime descripción que hace David del grado de conocimiento y de cercanía, que tiene Dios con cada uno de nosotros. Les recomiendo que lo lean con reverencia e interés.

David en sus salmos confiesa de manera abierta y con abundantes detalles, su íntima relacion personal que mantuvo con Dios (Jehová), la cual muestra evidentemente, que David como siervo fiel fue escogido por el Dios Creador y Todopoderoso, para que le revelara al pueblo judio algunos de sus atributos, que eran muy poco conocidos en los tiempos del viejo Testamento.

Además, David tambien confiesa con humildad, que tal conocimiento de su vida por parte de Dios, no lo puede comprender, pero sin embargo lo cree con toda su alma, que es esa precisamente la actidud correcta de un creyente fervoroso. Ninguna mente humana es capaz de comprender jamás a Dios y sus cualidades. Ese es exactamente el habitual error que cometen los incrédulos y los ateos, quienes no consideran la presencia de Dios, y con ello, hacen desgraciar su propia alma.

Con la venida de Jesús al mundo como Hijo de Dios, hecho hombre, Dios revela por medio de Cristo Jesús ante la humanidad, sus gloriosos atributos eternos, como son: amor, perdón, misericordia, consuelo, bondad, verdad; y anuncia la suprema promesa de vida eterna para todas aquellas personas que crean en el Señor Jesucristo y lo acepten como su Salvador.

El apostol Juan en su primera epístola escribe lo siguiente sobre el amor de Dios:

Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 1. Juan 4, 7-10

El amor verdadero es de naturaleza espiritual por ser un don divino que proviene de Dios. El alma es la maravillosa fuente de donde surge el amor espiritual entre los seres humanos, el cual expresamos con el cuerpo por medio de actos y de palabras.
El sentimiento del amor espiritual se origina y brota del alma como un manantial, y como estímulo espiritual que es, el cuerpo lo manifiesta después a través de un comportamiento corporal. Imagínense algo así como una chispa o una llama espiritual, que anima y mueve al cuerpo a expresarlo con actos y palabras.

Las Sagradas Escrituras plasmadas en la Biblia, nos revelan y nos enseñan: la existencia de Dios, la existencia de las realidades espirituales, la existencia del alma o espíritu humano y la íntima relación de Dios con los hombres y mujeres.

La Palabra de Dios, sus enseñanzas y sus revelaciones es lo que hacen a la Biblia, la única referencia verdadera sobre el misterio del amor espiritual, que ha revelado a la humanidad algunas nociones y certidumbres sobre el amor en los seres humanos. Dios ha creado el amor, así como a los seres humanos con un espíritu y todo lo demás que existe en el universo.

Y el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios en el capítulo 13, que tiene como título “La preeminencia del amor”, escribe lo siguiente:

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
1. Corintios 13, 1-3

Para conocer a Dios, lo mejor y más provechoso es leer su sagrada Palabra en la Biblia. Si te acercas a las verdades allí contenidas con fe y humildad, te sentirás conmovido de su fuerza espiritual, debido a que las Sagradas Escrituras poseen dos sentidos: el sentido espiritual oculto y el sentido exacto de la palabra.

Entonces vinieron los discípulos, y le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra? Dejadlos: son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. Mateo 15, 12 y 14

Para iniciar esta reflexión, les hago la siguiente pregunta: Tú, que puedes ver, ¿te dejarías guiar por un ciego? Seguro que no, verdad?
En esta escena, por supuesto Jesús habla en sentido figurado, al referirse como ciegos a los fariseos, porque tenían su entendimiento completamente ofuscado, es decir, eran ciegos espirituales. Con esta misma expresión se pueden designar a los ateos de forma adecuada.

El gremio de los científicos es considerado en estos tiempos modernos por los gobiernos y por la sociedad, como la nueva casta de “sacerdotes y consejeros”, que existió en la antigüedad, quienes cumplían la función de asesores y orientadores de los reyes y emperadores. Sin embargo, en esos tiempos eran todos efectivamente sacerdotes y eruditos de la Iglesia católica o de la Iglesia ortodoxa en Europa. Mientras que en la actualidad, la gran mayoría de los científicos son ateos, y por esa razón no aceptan que el universo fue creado por Dios, ni tampoco reconocen la existencia del alma humana.

Los astrofísicos y astrónomos modernos afirman que han resuelto el misterio del origen del universo, por medio de la teoría de la explosión cósmica o como la han llamado los mismos autores: “la teoría del Big Bang”.
En un artículo la revista National Geographic en español del 15/12/2022 lo describen así: “Según la teoría del Big Bang, hace unos 13.800 millones de años, el universo, concentrado en un ínfimo y a su vez infinitamente pequeño punto que albergaba toda la materia, explotó para después enfriarse a medida que se expandía”.

Al leer esta breve explicación de la teoría, cualquier persona que examine en detalle su contenido, puede percatarse de que es absurda y una vana ilusión, eso es simple palabrería que no dice nada. A mí me parece incluso una mediocre explicación infantil de un grupo de científicos, quienes intentan inútilmente revelar un misterio divino, el cual ninguna mente humana será capaz de descubrir jamás.

Para comenzar es conveniente recordar algo muy elemental y lógico: ningún objeto o cosa, vegetal, animal y ni mucho menos un ser humano con su alma, se pueden hacer así mismos, alguien tiene que haberlos creado. TODO en el universo, nuestro maravilloso y único planeta, la humanidad y la naturaleza, han sido creados por Dios. De eso no tengo la más mínima duda, y por eso afirmo, que esa teoría es simplemente una gran mentira y un vergonzoso disparate, consecuencia de algún momento de locura e irracionalidad de un grupo científicos, movidos solamente por su delírio de grandeza.

Esa ambición científica es muy antigua y ninguna de las grandes civilizaciones que existieron, quienes seguramente también intentaron revelar ese misterio, todas fracasaron. En la historia de la humanidad, la vanidad y el delirio de grandeza humanas siempre han conducido a algunos hombres a creerse que son unos semidioses.

Erasmo de Rotterdam, erudito y teólogo holandés que vivió en el siglo 16, escribió el libro titulado “El elogio a la locura”, una obra satírica e ingeniosa, cuyo objetivo fue criticar a la sociedad de la época, sin hacer excepciones en cuanto a clase social y en el que describe la necedad natural de los seres humanos en general, de una manera verdaderamente genial. A continuación leerán un extracto del capítulo 52 dedicado a los filósofos:

Después de estos vienen los filósofos, cuya barba y capa los hace venerables, los cuales se tienen por los únicos sabios y al resto de los mortales consideran sombras errantes. Con qué manso delirio construyen infinitos mundos, se entretienen en medir como a pulgadas y con un hilo al sol, la luna, las estrellas y los planetas; explican las causas del rayo, del viento, de los eclipses y de todos los demás fenómenos inexplicables, sin ninguna vacilación, como si fuesen secretarios del artífice del mundo y hubiesen acabado de llegar del consejo de los dioses. En tanto, la naturaleza se ríe en grande de ellos y de sus conjeturas, pues nada absolutamente saben con certeza, y buena prueba de ello son las disputas inenarrables que sostienen acerca de cada uno de los asuntos. Aunque nada sepan, creen saberlo todo y no se conocen a sí mismos, ni ven el hoyo abierto a sus pies, ni la roca evidente, sea a las veces porque son cegatos y otras porque tienen pájaros en la cabeza.

LAS HUELLAS DE DIOS EN LA CREACIÓN DEL MUNDO

En la carta del apóstol Pablo a los romanos dice lo siguiente:

Porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y Divinidad, son claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; así que no tienen excusa. Porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; antes se envanecieron en sus discursos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios. Romanos 1, 20-22

La naturaleza creada por Dios en este mundo y de la que nosotros formamos parte, además de ser tan maravillosa, todos sus innumerables componentes se mantienen en una armonía tan asombrosa y en un equilibrio tan perfecto, que al observarla y contemplarla con interés, nos muestra claramente las huellas dejadas por Dios para la convicción de su amada Humanidad.

He seleccionado este tema controvertido, pero muy importante, para insistir en que como creyentes cristianos, no nos dejemos influenciar por la persistente propagación de mentiras y falsedades por parte de los medios de comunicación, al ellos sembrar dudas e incertidumbre sobre las Sagradas Escrituras.

La única verdad es la de Dios, creador Todopoderoso del universo, así como también autor y dueño absoluto de la verdad.

Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males; el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados con muchos dolores. 1. Tim. 6, 10

La moneda o el dinero fue originalmente concebido y creado hace miles de años como un instrumento o un medio práctico para la compra y venta de mercancías  y productos agropecuarios en la antigüedad, con el fin de sustituir el trueque de productos, que era la forma de intercambio comercial anterior desde el inicio de la agricultura primitiva.
La utilización del dinero como un simple medio para facilitar el comercio, empezó cambiar a partir de la publicación del libro titulado “La riqueza de las naciones” escrito por el economista británico Adam Smith en 1776, en que el término economía que originalmente significaba administración del hogar, fue sustituido por la palabra economía política, con la cual se recomendaba a los países lograr la mayor acumulación de riqueza posible. Dicha recomendación generó un cambio radical en el punto de vista desde el que se miraba el dinero, de un medio monetario de intercambio comercial, se convirtió en la principal meta para alcanzar.

Y con el transcurso de los siglos hasta hoy en día, el dinero ha sido transformado en el “rey del mundo” por cientos de millones de personas en el mundo, quienes con su idolatría le rinden homenaje en los diversos templos de adoración como: las bolsas de valores, los casinos, los innumerables bancos e instituciones financieras. La idolatría al dinero se ha estado propagando en el mundo en forma similar a un virus muy contagioso, por el conocido efecto de demostración en la sociedad, que consiste en la imitación por un individuo del consumo de los otros, especialmente si éstos son personas de prestigio o adineradas, la cual estimula su propio consumo. Este fenómeno social explica el contagio y la sorprendente propagación de la idolatría del dinero, que ha tenido lugar en el mundo occidental principalmente.

El dinero o las riquezas en sí mismo no es el problema para los creyentes cristianos, siempre y cuando no pongamos nuestro corazón y nuestra esperanza en ellas, sino considerar al dinero como lo que es, es decir un medio práctico para satisfacer nuestras necesidades materiales temporales, y no como una meta que deseamos ardientemente alcanzar, cueste lo que cueste.

El apostol Pablo en el capítulo 6 de su carta a Timoteo, hizo en realidad una advertencia profética en relación con el amor al dinero y sus tristes consecuencias, el cual se ha generalizado tanto hoy en día, como nunca antes en la historia de la humanidad, cuando escribió lo siguiente:

pero gran ganacia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.
Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición.

1. Timoteo 6, 6-9

Existen infinidad de individuos quienes movidos por la codicia y por el afán de acumular dinero en poco tiempo, han terminado cometiendo graves delitos e incluso asesinatos, dedicándose a negocios ilícitos o a la corrupción administrativa, y como consecuencia directa de sus actos, han tenido ellos y sus familiares que sufrir muchas penas, aflicciones, cárcel, pérdida de reputación, etc.

El dinero es un instrumento que sirve para comprar bienes de consumo y servicios. Por lo tanto, el individuo que ama el dinero es aquel que pone sus esperanzas y su confianza en los recursos que el mundo le puede ofrecer, y se olvida de Dios.
De manera que, el amor al dinero es prácticamente lo mismo que poner la fe en el dinero, es decir, abrigar la esperanza de que el dinero satisfacerá todas nuestras necesidades y nos hará felices.

El amor al dinero representa lamentablemente para muchos creyentes, un dilema atractivo y tentador a la fe en Dios y en su Gracia, quienes terminan extraviándose y alejándose de Dios.

El señor Jesucristo dijo en Mateo 6:24: Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se llegará al uno y menospreciará al otro; no podéis servir a Dios y a las riquezas.

No podemos confiar en Dios y en el dinero al mismo tiempo.

Es oportuno mencionar aquí, que este importante tema sobre el amor al dinero, no se trata o se trata demasiado poco en las iglesias, para advertir a los asistentes sobre el gran riesgo de caer en la tentación de adorar al dinero como un ídolo.

Por eso es tan necesario leer y escudriñar regularmente la Palabra de Dios, para conocer de primera mano el gran tesoro de la verdad divina, la cual está contenida en las enseñanzas y consejos maravillosos, que Dios nos ha dejado como legado eterno para nuestra instrucción.

Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en Él: Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8, 31-32

Cuando no tengas respuestas para tus interrogantes. Revelaciones de la Biblia como complemento de la Psicología.

Unos, se han preguntado alguna vez: ¿Por qué me he metido en este lío?
Otros, habrán dicho para sus adentros: ¿Quién gobierna en el reino de mis pensamientos y mis emociones?

Esas y otra innumerable cantidad de preguntas similares sobre los enigmas de la mente humana, se han quedado sin respuestas hasta hoy. La mente y la conducta humana es y seguirá siendo una caja negra, es decir, un misterio inescrutable. Así lo han reconocido públicamente la ciencia moderna y la psicología conductista, ya que es imposible saber cómo funciona la psique o el alma, debido a que en su estudio no se puede aplicar el método científico, por no ser observables ni medibles sus procesos internos. 

Lo único que puede hacer la psicología y sus más destacados representantes es tratar de adivinar sobre el funcionamiento de la mente humana y eso es justamente lo que han hecho hasta ahora. En lo que se refiere a la conducta humana, los psicólogos y psiquiatras andan a tientas como en un cuarto oscuro e insisten en buscar entre tinieblas, las explicaciones de unas realidades espirituales, que éllos mismos desde hace mucho tiempo se niegan a aceptar: la existencia de Dios y del espíritu humano.
Esa es la sencilla razón de su ceguera.

Lo que los psicólogos conductistas llamaron como la caja negra, se ha convertido en la última frontera del avance del  conocimiento científico, porque de allí en adelante, es la dimensión espiritual  de nuestra alma la que entra en escena, y a partir de ahí, es Dios quien asume el dominio exclusivo de lo que sucede en nosotros, y también de lo que debe suceder en el futuro. Las respuestas que no pueden dar la psiquiatría ni la psicología moderna, las posee Dios y su Providencia.

De nuestra mente se saben apenas algunas cosas, y los profesionales de la psicología estarán todavía muy lejos de saber algo más, mientras no escudriñen en la Palabra de Dios las innumerables revelaciones, que sobre el corazón humano estan allí escritas.

Se sabe por ejemplo, que las pasiones del alma humana influyen en nuestras decisiones y en nuestros actos. Para describirlo hemos creado varias palabras como: ofuscación, revelación, fantasía e ilusión; pero no se sabe exactamente y en detalle el por qué y cómo funcionan esos mecanismos mentales.

En la Biblia encontramos muchas revelaciones sobre esos fenómenos del alma humana, para los que la ciencia moderna no nos puede dar explicación alguna.

San Pablo en su carta a los Romanos dice lo siguiente:

«Y ni siquiera entiendo lo que hago, porque no hago lo que quiero sino lo que aborrezco. Pero si hago lo que no quiero, con eso reconozco que la Ley es buena. Pero entonces, no soy yo quien hace eso, sino el pecado que reside en mí, porque sé que nada bueno hay en mí, es decir, en mi carne. En efecto, el deseo de hacer el bien está a mi alcance, pero no el realizarlo. Y así, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Pero cuando hago lo que no quiero, no soy yo quien lo hace, sino el pecado que reside en mí.»  Romanos 7, 15 – 20

Una manera de visualizar el efecto de las pasiones en nuestra mente, es recurriendo al verbo ofuscar, que significa oscurecer la razón o turbar la vista.
Si nos guiamos por la vista como órgano sensorial para captar la realidad que nos rodea, imaginemos ese estado ideal o perfecto del ser humano en que su mente está absolutamente libre de interferencias causadas por pasiones, prejuicios, recelos, sospechas, dudas u opiniones sesgadas; y que por lo tanto, puede ver claramente la realidad verdadera tal como es, como si la miráramos a través de unos anteojos con lentes incoloros y prístinos.

Tan pronto como surge una pasión en nosotros, o bien creamos algún recelo o prejuicio, se colorean los lentes de los anteojos con nuestro propio pigmento y tonalidad que le hemos añadido, y entonces vemos la misma realidad pero ahora adulterada o distorsionada, porque la hemos personalizado según nuestro capricho.

En el evangelio de San Mateo, Jesús les revela a sus discípulos, cómo Dios interviene en nuestras mentes, de tal modo que unas personas puedan percibir ciertas ideas o cosas, y otros individuos no perciban lo mismo.
«Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis.

Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos,  Y con el corazón entiendan,  Y se conviertan,  Y yo los sane.
Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.» Mateo 13, 10-16

No obstante, hoy más que nunca el ser humano moderno inflado de orgullo y vanidad por el progreso y los avances tecnológicos, se cree y se siente que es autónomo y señor absoluto de sus pensamientos, decisiones, acciones, voluntad; y por consiguiente, se deleita en la fantasía de que él únicamente es capaz de gobernar su vida en el presente y su destino en el futuro.

Pero como siempre sucede, ese hombre dominado por su propio engreímiento y soberbia, se olvida de su misma naturaleza imperfecta y débil que lo hace cometer errores y equivocaciones una y otra vez. En su delirio de grandeza y de rebeldía contra Dios, las personas orgullosas viven un tiempo como ovejas extraviadas y desorientadas, hasta que el Espíritu Santo por su Gracia y amor eternos, las hace recapacitar y volver al redil.
Ésta situación de crisis de fe en la sociedad de consumo, es justamente la voluntad de Dios, pero como muchos no lo creen, no se dan cuenta de su propio ensueño.

Hasta hace poco la expresión popular en los países de lengua española « Si Dios quiere », era el reflejo de que la Providencia de Dios había sido reconocida y aceptada por las poblaciones, de que Dios efectivamente interviene y gobierna la marcha del mundo en que vivimos.

El uso de la expresión Si Dios quiere, tiene su origen en el siguiente versículo de la Epístola de Santiago :

Ahora bien, vosotros los que decís: «Hoy o mañana iremos a tal ciudad, pasaremos allí el año, negociaremos y ganaremos»; vosotros que no sabéis qué será de vuestra vida el día de mañana… ¡Sois vapor que aparece un momento y después desaparece! En lugar de decir: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello». Pero ahora os jactáis en vuestra fanfarronería. Toda jactancia de este tipo es mala. Aquel, pues, que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado.  Santiago 4, 13-17

San Pablo nos exhorta a que a pesar de todo lo duro que pueda ser la vida, de los problemas, las enfermedades, los sufrimientos, traiciones, dudas e interrogantes que tengamos que enfrentar, pongamos toda nuestra fe en Jesús, fortalezcamos nuestros corazones con la esperanza de la Vida eterna y tengamos paciencia:

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.  Romanos 8, 28

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