INSPIRADORA MEDITACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS, ESCRITA POR EL GRAN PREDICADOR CHARLES H. SPURGEON PARA CADA DÍA. TOMADA DE SU LIBRO: «DE MAÑANA OIRÉ SU VOZ»
En nuestra peregrinación cristiana está bien, en términos generales, mirar hacia adelante. Hacia adelante está la corona y la meta. Ya sea por esperanza, por gozo, por consuelo o por fuente de inspiración de nuestro amor, el futuro debe, después de todo, ser el gran objetivo del ojo de la fe. Al mirar hacia el futuro, podemos ver al pecado echado afuera, al cuerpo del pecado y de muerte destruido, al alma hecha perfecta y preparada para ser partícipe de la herencia de los santos de luz.
Y si miramos todavía más allá, el ojo iluminado del creyente puede ver que el río de la muerte se ha cruzado, que la sombría corriente fue atravesada y que se alcanzan los montes de luz sobre los que se levanta la ciudad celestial, y se ve a sí mismo entrando por las puertas de perlas, aclamado como más que vencedor, coronado por la mano de Cristo, abrazado por jesús, glorificado junto con Él, y sentándose junto con Él en su trono, exactamente como el que venció y se sentó junto al Padre en el trono.
El pensamiento de este futuro bien puede aliviar la oscuridad del pasado y la penumbra del presente. El gozo del cielo con toda seguridad compensará las tristezas de la tierra.
!Callen, callen todas mis dudas! La muerte no es sino una corriente angosta, y pronto la habrás atravesado.
Tiempo, !qué corto! Eternidad !qué larga! Muerte, cuan breve. Inmortalidad, cuán infinita. A mi parecer, todavía ahora como del racimo del Valle de Escol y bebo del pozo que está a tus puertas. !El camino es tan, tan corto! Pronto estaré allí.
«Cuando el mundo desgarre mi corazón
con su pesada carga de preocupaciones,
pensamientos alegres subirán al cielo
para encontrar refugio de la desesperación.
La optimista visión de la fe me sostendrá
hasta que la peregrinación termine
pueden atribularme los temores y causarme dolor los problemas,
mas a mi hogar celestial finalmente llegaré.»