Nuestra relación personal con Dios y con su Reino divino, está basada en nuestra fe, la cual es una virtud del alma o espíritu humano, que se conoce en el lenguaje de la religión, como creer en la existencia de Dios y de Jesucristo, así como en el contenido de la Biblia: su Sagrada Palabra.
En esta magnífica y muy clara frase del Señor Jesucristo que sirve de título de esta reflexión, Él confirma esa gran verdad, de que las palabras que están impresas en la Biblia, contienen ciertamente un mensaje espiritual y vivo, que calma la sed espiritual del creyente. Imaginémonos que ese contenido espiritual, es como si fuera un olor de perfume que la palabra exhala o despide, y que el lector lo percibe, le agrada y se apropia de él.
En relación a esta atracción y al gozo posterior del creyente que la lectura de la Biblia le puede producir, recuerdo una conmovedora experiencia que presencié en mi iglesia, en que un grupo de jóvenes, quienes habían sido adictos a las drogas durante años, visitaron la iglesia con el propósito de dar su testimonio personal sobre su curación y su recuperación total del vicio, y también para agradecer por el financiamiento recibido para su tratamiento en una organización benéfica cristiana denominada REMAR. Uno de los jóvenes que sujetaba una Biblia en su mano derecha, mientras daba su testimonio frente a la congregación, se puso la Biblia sobre el pecho y la abrazaba con tanta satisfacción y alegría, que a muchos nos dejó impresionados.
Es por esa razón, que es de fundamental importancia mantener una actitud de fe y de veneración, durante la lectura de la Biblia; sin dudar en ningún instante de que es la sagrada Palabra de Dios, y que además de estar compuesta de letras y poseer un sentido literal, contiene un mensaje espiritual.
A continuación un texto revelador sobre este tema de las sagradas escrituras, escrito por el erudito y teólogo holandés Erasmo de Rotterdam en su libro titulado Enquiridion:
Existe una enorme diferencia entre las letras humanas y divinas. Toda la Biblia está inspirada por Dios, su autor intelectual. No existe una doctrina humana que no esté viciada por la negrura de algún error y de falsedad. Solamente la doctrina de Dios y de Jesucristo es toda pura y toda sincera. El hecho de que sea un tanto dura y áspera nos adentra en su significado divino, escondido en el sentido exacto de la palabra. Si el lector superficial se contenta solamente con la cáscara de las palabras, y no extrae de la médula el sentido espiritual que contienen, en consecuencia no logrará captar o beber el mensaje divino.
Los mensajes divinos que contienen la Palabra de Dios y la de Jesucristo, se podría comparar con una fuente espiritual de aguas vivas, que calman la sed espiritual de los creyentes.
Hermanos cristianos, si buscan el alimento espiritual y vivo que se encuentra implícito en las Sagradas Escrituras, recuerden siempre leer la Biblia con alma de niños, es decir, con plena confianza en Dios Padre y mucha humildad.