No somos nada, mientras nuestra alma habite en este cuerpo tan frágil y mortal.

El hombre, como la hierba son sus días, florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más.
Salmo 103, 15-16

Durante estos angustiantes tiempos de la pandemia del virus Covid-19, han pasado imágenes de horror en las pantallas delante de nuestros ojos asombrados, que nos mostraron enormes multitudes de muertos y enfermos causados por esta nueva enfermedad contagiosa y mortal, en todo el mundo.

Una insignificante y despreciable criatura como es un microbio, puso a temblar de repente a los gobiernos más poderosos del planeta y a sus formidables ejércitos, los cuales no pudieron hacer nada en contra con sus armas, porque el enemigo resultó ser invisible esta vez.

A los sistemas de salud en los países más desarrollados les fue aún peor, aunque cuentan con una infraestructura de modernos hospitales y con un equipamiento óptimo de sus servicios básicos de personal paramédico, ambulancias, emergencias y suministro de medicamentos; el virus los puso de rodillas y muchas clínicas colapsaron totalmente, por no estar bien preparadas para esta contingencia, a pesar de que hace decenas de años, la Organización mundial de la salud y círculos profesionales de epidemiólogos de todos los continentes, estuvieron advirtiendo en varias oportunidades sobre la alta probabilidad de que una pandemia, podía ocurrir en cualquier momento.

La pandemia ha sido una clara señal para toda la humanidad, la cual se puede interpretar y analizar desde diversos aspectos de la vida y perspectivas.
Desde la perspectiva de la fe cristiana, considero que la pandemia ha sido un mensaje divino dirigido a sacudir la conciencia de la gente en las sociedades de los países industrializados, donde se adoran innumerables ídolos, entre los cuales están, en primer lugar, el hombre mismo, quien por su orgullo, vanidad y vanagloria se cree un superhombre que puede vivir bien olvidándose de Dios y de su fragilidad, y en segundo lugar, todos los objetos materiales creados por sus manos: el dinero, las máquinas, las edificaciones, la tecnología y la medicina moderna; con los cuales se siente más que seguro e imbatible.

Mientras millones de personas morían y se enfermaban por el virus, la naturaleza por el contrario, se recuperaba con vigor y hasta los indefensos pajaritos en los bosques, cantaban alegremente como siempre y como si nada estuviera sucediendo.

Desde hace más de 3 mil años fueron escritos en el Viejo Testamento, párrafos como el del salmo 103 citado arriba, que describen con metáforas y enseñan la verdad sobre los seres humanos: el hombre es tan frágil y perecedero como la hierba, o dicho de otra manera: el hombre no es nada.

La similitud entre las expresiones simbólicas del versículo y la forma de contagiarnos con el virus es asombrosa. La frase dice: “florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció”.
En el caso concreto del Covid-19, sabemos que la via principal de contagio, sucede al aspirar aire con micropartículas de agua (aerosoles) que contienen el virus, las cuales son transportadas por el viento.
Por lo tanto, así como el viento pasa por la vulnerable flor del campo y muere, igualmente podemos morir así de fácil, si un soplo de viento contaminado con el virus pasa por nosotros.

Ahora bien, lo más importante y la gran diferencia es que lo único que muere del hombre es su cuerpo de carne y huesos, pero no su alma inmortal, la cual en el instante de la muerte, pasa a una vida más abundante, eterna y libre de sufrimientos. Entonces tengamos bien claro y recordemos siempre lo siguiente: es sólo por culpa de nuestro cuerpo, que no somos nada. 

¿De qué le sirve vivir bien al que no puede vivir para siempre?

Os digo, pues hermanos: el tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen. Los que lloran, como si no llorasen. Los que están alegres, como si no lo estuviesen. Los que compran, como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen. Porque la apariencia de este mundo pasa. Yo os quisiera libres de preocupaciones. 1. Corintios 7, 29-32

Si existe una pregunta universal, que se hacen todos los seres humanos en algún momento de su vida, se podría decir con toda certeza que es la siguiente: ¿Qué sentido tiene la vida?
Debido a que la respuesta está fuera del alcance de la razón y la inteligencia, el sentido de la vida humana siempre ha sido un misterio para la filosofía y la ciencia. Ese misterio y muchos otros más, como el de la vida después de la muerte, han sido siempre asuntos secretos que únicamente por medio de la fe y las religiones, podían ser explicados y resueltos.

A través de los tiempos, Dios le ha estado revelando al ser humano lo que le estaba vedado averiguar por sus propios medios. De ahí la enorme importancia que tarde o temprano la fe religiosa adquiere en la vida de los hombres y las mujeres.

La humanidad en toda su historia no había recibido una revelación más maravillosa que la Buena Nueva anunciada por Jesucristo: que el ser humano posee un alma inmortal y que después de la muerte hay una vida eterna en el Reino de los Cielos.
La promesa de Cristo Jesús sobre la vida eterna es la primera promesa de la que tiene que apoderarse un cristiano en su vida como creyente. Precisamente porque nuestra vida terrenal es pasajera y la apariencia de este mundo pasa. La esperanza de la vida eterna en el Reino de Dios es el ancla más firme y más potente en la vida cambiante, pasajera y atormentada de un ser humano.

En nuestras sociedades de consumo occidentales se ha impuesto la creencia en la mayoría de los ciudadanos, de que venimos a este mundo a disfrutar al máximo de los placeres, los viajes, las comodidades y los lujos que la vida moderna nos puede ofrecer, siempre y cuando tengamos el dinero necesario para comprarlos, es decir, que el sentido de la vida consiste:
en vivir bien o darse la buena vida.

Este moderno y agradable estilo de vida, el cual nos permite vivir en la abundancia de bienes y servicios, en la comodidad material y en la prosperidad social, nos hace considerar que es precísamente el bienestar económico y social, lo que le da pleno sentido a la vida humana. Pero sucede, que tan pronto como estamos en la cúspide de la prosperidad material, aparecen la enfermedad, la vejez y el pensamiento de la muerte, para recordarnos que en cualquier instante tendremos que abandonar todo esto.

Entonces, a causa de la única realidad segura que es la muerte inevitable, se desvanece el aparente y engañoso sentido de la vida, que la abundancia le había proporcionado transitoriamente.

El evangelio de Jesús nos enseña a vivir y a morir con metas eternas. El gran aporte del cristianismo a la humanidad ha sido el enseñarnos a vivir con esperanza, es decir, a ser seres esperanzados, así como también el preparar espiritualmente al creyente para recibir el momento de la muerte con la promesa de vida eterna.

«El cristianismo es grande porque es una preparación para la muerte inevitable». Esta frase de Cecilio Acosta (1818-1881), insigne intelectual y escritor venezolano, resume la prodigiosa obra que realiza en el alma del creyente, la esperanza viva que surge de la promesa de vida eterna que trajo Jesucristo a la humanidad.

Aunque es verdad que en Europa mucha gente está abandonando las iglesias, eso no debe inquietar a los creyentes fieles.

Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oir novedades; apartarán sus oidos de la verdad y se volverán a las fábulas. 2. Timoteo 4, 3-4

Los creyentes cristianos que vivimos en Europa, sabemos que nuestra vida se desarrolla en medio de una cultura que desde hace ya décadas, ha estado ignorando los principios cristianos tradicionales y que las iglesias tanto católicas como protestantes han estado perdiendo aceleradamente miembros de sus congregaciones. De seguir esa tendencia del desinterés por la religión y hasta el rechazo hacia las iglesias, los cristianos seremos pronto una minoría religiosa más entre los musulmanes, judíos y los budistas.

Todos sabemos también que los tiempos cambian, y que desde que existe la humanidad, según leemos en la historia, las costumbres y las culturas han estado cambiando con el paso de los siglos. En la actualidad, por el avance de la ciencia y la tecnología, esos cambios son cada vez más a menudo por la frecuencia en que aparecen las novedades, que generan las nuevas tecnologías.

Otro factor muy importante e influyente son los medios de comunicación, los cuales han sido transformados en medios de manipulación, y lo más grave es, que han perdido la necesaria sinceridad, honradez y objetividad al transmitir informaciones. Hoy en día, los medios de comunicación mienten y manipulan las noticias descaradamente, procurando así que el público solamente lea o escuche las cosas que el mismo público desean escuchar, con el propósito de atraernos y persuadirnos.

En su Carta a Timoteo, el apóstol Pablo explica de manera magistral cómo funciona el corazón humano y cuánto nos gusta ver y escuchar fantasías e ilusiones en las pantallas, las cuales hacen que muchos se aparten de la verdad del Evangelio. Estos versículos de Pablo son una verdadera profecía para nuestros tiempos, porque descríbe exactamente lo que está sucediendo en las sociedades de consumo europeas y de todo el mundo en la actualidad, que es lo siguiente: el enfriamiento del amor a Dios, por haber sido encendido el amor al dinero, por los medios de comunicación.
 
En relación a la ambición por acumular dinero, el Señor Jesucristo nos advirtió:
Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno, y amará al otro; o apreciará al uno, y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.  

Sin embargo y a pesar de esta divina advertencia, algunos pastores de iglesias evangélicas en los Estados Unidos en la década de los años 80, inventaron lo que ellos llamaron “el evangelio de la prosperidad”, un falso evangelio bien disfrazado y transmitido por televisión, que por cierto, les sirvió para hacerse millonarios en poco tiempo. Los llamados “teleevangelistas” más descarados usaron lemas publicitarios, como por ejemplo: “Sirve a Dios y vuélvete rico”.

Con falsos profetas como estos pastores corruptos, quienes se han estado aprovechando indebidamente de la fe de cientos de miles de personas incautas, para enriquecerse; no debe extrañarnos entonces, que exista mucha gente decepcionada de la religión cristiana.

Todos estos problemas y las situaciones escandalosas que han ocurrido en las iglesias, en la larga historia milenaria del cristianismo en el mundo, ya habían sido profetizadas en las Sagradas Escrituras, y además, todas sin excepción son conocidas por Dios, y por lo tanto, deben estar cumpliendo un determinado propósito divino, que nosotros desconocemos.

Debemos recordar que el Espíritu de Dios está siempre obrando y cuidando de sus fieles y de las iglesias. Recordemos también que Dios Padre nos juzgará a cada uno de nosotros en el día del Juicio Final, y que cada creyente cristiano que se haya mantenido fiel y haya adorado a Jesucristo en verdad y en espíritu, recibirá de nuestro Dios Justo y Misericordioso, lo que bien merece.

La Buena Nueva del Señor Jesucristo fue: su promesa de vida eterna en el Reino de los Cielos y el perdón de nuestros pecados por medio de su sacrificio, que por AMOR hizo en la Cruz.

Y esta es la promesa, la cual él nos prometió: la vida eterna. 1. Juan 2, 25

En esta reflexión, deseo dar respuesta a la siguiente pregunta, que se hacen actualmente cientos de millones de personas cristianas en el mundo: ¿Cuál es la Buena Nueva que el Señor Jesucristo trajo para la humanidad hace más de 2 mil años?
La pregunta es sencilla, pero dar una respuesta acertada es bastante dificil, puesto que primero, es indispensable saber enfocar lo esencial del nuevo Testamento, y segundo, ser capaz de resumirlo de forma comprensible para todos los hombres y mujeres.

La mayoría de los creyentes cristianos hoy en día no están seguros o no saben exactamente, cuál es la llamada Buena Noticia que anunció Jesús en persona, y que logró producir un cambio radical en la conciencia y en la vida de los apóstoles y de los primeros cristianos en la Antigüedad.
Recordemos que los doce discípulos dejaron sus actividades laborales y sus familias, para acompañar a Jesús como su Maestro, cuando él los llamó a acompañarlo y a predicar en su nombre. Eso sucedió cuando Jesús estaba en la región de Galilea y ya predicaba sobre el Reino de los Cielos. Allí conoció a los pescadores Simón Pedro y Andrés llamándolos a venir con él, quienes fueron los dos primeros apóstoles que Jesús escogió.

Para Jesús poder generar en los discípulos esa transformación en su voluntad y en su forma de pensar, que los animó a dejar todo y seguirlo de inmediato, tuvo el Señor que haberles dicho algo tan grandioso e insuperable, algo que ellos nunca antes habían escuchado, algo que ni siquiera se hubiesen podido imaginar. Según mi opinión, ese mensaje fue: la promesa de vida eterna en el Reino de los Cielos.

Por supuesto, que también el gran carisma de Jesús, es decir, la fascinación y el encanto que su personalidad les transmitía, influyó mucho seguramente para que los discipulos se sintieran atraídos por él y creyeran todo lo que el Señor les decía.

Son incontables los escritos y los sermones que sobre las enseñanzas del Señor Jesucristo sobre los 4 libros de los evangelistas y las cartas del Apóstol Pablo, que han sido difundidos por una infinidad de sacerdotes y pastores en el mundo entero. Todo eso ha servido para la conversión y la formación religiosa de miles de millones de cristianos, así como para la aplicación de los valores y principios cristianos en los que se fundamenta la civilización y la cultura cristiana en todo el mundo.

Sin embargo, el inmenso mar de interpretaciones, enfoques y predicaciones sobre la Palabra de Dios, que se han publicado en los últimos 100 años, han dispersado y diluido tanto el contenido original de la Biblia en diversas direcciones y corrientes, que los mensajes se han alejado demasiado del fundamento del Evangelio del Señor Jesucristo, porque la gran mayoría de los temas de los escritos y sermones no están anclados en las Sagradas Escrituras, por no estar relacionados los asuntos tratados con lo que dice la Biblia, y así han terminado yéndose por las ramas o hablando de temas secundarios, los cuales no fortalecen la fe ni la esperanza en la vida eterna de los creyentes en Cristo Jesús.

Esta situación se podría muy bien ilustrar con la función del ancla de un barco. Cualquier embarcación en el mar que desea mantenerse en un lugar fijo por un tiempo determinado, para no alejarse del sitio o posición donde se encuentra, necesita echar al agua el ancla, que la mantiene fijo allí. De lo contrario, las corrientes del mar y el viento la arrastrarán a otro lugar no deseado.

El alejamiento de las enseñanzas de la Biblia al que me refiero, fue una consecuencia directa del movimiento intelectual conocido como la Ilustración que se inició en Europa en la década del año 1850. A partir de ese período los políticos, científicos y filósofos de la época, se negaron a aceptar muchos dogmas o principios cristianos basados en la Biblia, que habían sido establecidos muchos siglos antes por la iglesia católica.

Actualmente en muchas iglesias los púlpitos son utilizados para hablar sobre todos los temas imaginables de actualidad, tal como se hace en la televisión, por ejemplo: política, humor, catástrofes naturales, guerras, derechos humanos, la ideología del género, etc.

En vista de que esa es la realidad que estamos afrontando y de que esta situación va a continuar así, es conveniente que los creyentes cristianos nos dediquemos a leer las Santas Escrituras con más regularidad y empeño, las cuales contienen el verdadero alimento espiritual, que es capaz de llenar todas aquellas almas hambrientas de paz interior, de misericordia, de consuelo y de esperanza en la vida eterna, que solamente Dios Padre nos puede conceder por su inconmensurable Gracia y su Amor eternos.

Pero Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Mateo 4, 4

Tal como el Señor Jesucristo entregó su espíritu en el instante de su muerte, así mismo lo haremos nosotros también al morir, para pasar a la vida eterna prometida.

Y cuando Jesús tomó el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. Juan 19, 30

Según su evangelio, Lucas describe las últimas palabras de Jesús antes de morir en la cruz, de la siguiente manera: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.
Y Juan, quien acompañó hasta el final a Jesús y estuvo presente en el Calvario cuando Jesucristo murió, menciona como sus últimas palabras: “consumado es”.
Lo que deseo destacar en esta oportunidad, es concretamente la expresión que el discípulo Juan utilizó para decir que Jesús murió: entregó el espíritu a Dios. Esta expresión tan llena de esperanza y de consuelo, es sin duda una confirmación adicional de que la muerte humana, consiste en la separación del alma inmortal del cuerpo mortal. La palabra de Dios nos enseña a los cristianos, que fallecer o morir es en realidad entregar nuestro espíritu vivo e inmortal a Dios, por lo tanto, lo que deja de existir es solamente nuestro cuerpo de carne y huesos.

Es precísamente por esa razón, que Jesús le dijo a un grupo de saduceos, esos judíos que niegan la resurrección: “¿no habeis leido aquellas palabras de Dios cuando os dice: “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Mateo 22, 31-32

Esta verdad bíblica es de suma importancia y utilidad, para que los creyentes cristianos dejemos de considerar la muerte como el inesperado y terrible final de nuestra existencia, y aprendamos a aceptarla como lo que es en realidad: un acontecimiento natural y necesario en la vida, que si bien es triste y doloroso para los sobrevivientes, para la persona que deja este mundo, es pasar de una vida agotadora y moribunda a una mejor vida nueva y eterna. Y además, es conveniente pensar, que en la gran mayoría de los casos de enfermos incurables y de ancianos de avanzada edad, la muerte es seguramente para ellos más bien una bendición, porque los libra de sus insoportables dolores y sufrimientos.

Por su parte el apóstol Pablo, en su carta a los filipenses les mencionó una experiencia personal y muy íntima, sobre un conflicto existencial que él tenía consigo mismo sobre su vida y su muerte: “Pero si el vivir en la carne, esto significa para mí una labor fructífera, entonces, no sé cuál escoger, pues de ambos lados me siento apremiado, teniendo el deseo de partir y estar con Cristo, pues eso es mucho mejor”. Filipenses 1, 22-23
En algunas iglesias existe la vieja pero muy equivocada creencia, de que todos aquellos cristianos que han fallecido están: “descansando en paz” o “disfrutando del sueño eterno”. Esa falsa creencia es lamentablemente el resultado de una desafortunada lectura e interpretación de la Biblia, posiblemente por haberse concentrado solo en el cuerpo muerto o cadáver, que da la impresión de estar dormido. Por el contrario, el espíritu humano o alma espiritual continúa vivo y despierto para vivir eternamente en el Reino de Dios!
Últimamente, en muchas congregaciones cristianas se han percatado de esa equivocación y la han estado corrigiendo, pero una creencia tan popular como esa, será muy dificil que el público la vaya a sustituir por la creencia correcta en un futuro cercano.

Leer las Sagradas Escrituras con mucha atención y detenimiento, es lo mejor que podemos hacer para enterarnos y conocer de primera mano, lo que Jesús llamó: el alimento espiritual para todo creyente.

La fe es creer lo que no vemos, y la recompensa de esta fe es ver lo que creemos.

Frase de San Agustín de Hipona

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Hebreos 11, 1

En esta oportunidad y con la ayuda de un ejemplo concreto, voy ilustrar una de las numerosas maneras, de cómo la fe en Dios obra en la vida de los seres humanos y los hace capaces de vencer el efecto paralizador de las dudas y del miedo, el cual nos impide encontrar soluciones a los problemas, seguir adelante y, a la larga, disfrutar de la vida como nos gustaría.

Poco se conoce sobre la señal o el indicio, en que se inspiró Cristobal Colón para concebir la idea de su extraordinaria expedición, que culminó con el descubrimiento del continente americano, el cual era totalmente desconocido para el resto del mundo de aquella época. Lo cierto es que el almirante Colón se inspiró en algunos textos de la Biblia, tanto del viejo como del nuevo Testamento.
En una carta privada enviada por Colón a los Reyes de España al regresar de su segundo viaje al “nuevo mundo” a fines del año 1500, escribe: «Del nuevo cielo y tierra, que decía nuestro Señor por San Juan, en el Apocalipsis, después de dicho por boca de Isaías, me hizo de ello mensajero, y me mostró en cual parte. Ya he dicho que para la ejecución de la empresa de las Indias, no me aprovechó razón, ni matemática, ni mapamundi. Llanamente se cumplió lo que dijo Isaías, y esto es lo que deseo escribir aquí».

En realidad, Colón fue una persona muy creyente y conocía bien las Sagradas Escrituras, puesto que él descendía de una familia judía sefardita que se había convertido al cristianismo dos o tres generaciones antes de su nacimiento, en 1451.

Las grandes proezas o hazañas realizadas en la historia universal, por la iniciativa de una sola persona, como la de Cristobal Colón, no es posible llevarlas a cabo sin tener una gran fe que llene al individuo de entusiasmo, voluntad, coraje, valentía y perseverancia, cualidades indispensables estas de esos héroes, que emprendieron en su tiempo algo considerado como imposible.

Antes del viaje precursor de Colón, imperaba un miedo generalizado entre los navegadores europeos más experimentados de emprender la travesía del océano atlantico, debido a muchas dudas, riesgos de fracaso y peligros de muerte que implicaba la aventura de atravezar el inmenso mar:
– Miedo a las enormes olas, a las tormentas, a la falta total de viento, a perder el rumbo.
– Miedo de los tripulantes a perderse en la inmensidad, a las enfermedades a bordo, a la carencia de agua y de comida, a los monstruos marinos, etc.
– Miedo a la embarcación, de que no fuera suficientemente robusta y no soportara el embate de las olas y del viento.

Por muchos temores, nadie se atrevía a navegar desde Europa hacia el oeste en el océano atlántico, por el miedo de morir en el intento y por considerarlo un viaje sin regreso.
Lo extraordinario e increíble de ese viaje en particular, es que fue un proyecto original de Colón, quién en primer lugar se lo propuso al rey de Portugal, pero a este no le interesó. Después acudió a los reyes de España Fernando e Isabel de Castilla, quienes finalmente aceptaron financiar y proveer las embarcaciones al Almirante.

La lectura de la Palabra de Dios plasmada en la Biblia es el alimento espiritual por excelencia, que le proporciona al creyente cristiano todas las enseñanzas, consejos, recomendaciones prácticas y orientaciones necesarias, para guiar con fe, verdad y sabiduría nuestra vida a través de todas las dificultades, aflicciones, problemas, tormentos, sufrimientos y percances que se nos puedan presentar.

El que habita al amparo del Altísimo morará a la sombra del Omnipotente. Diré yo al SEÑOR: Refugio mío y fortaleza mía, mi Dios, en quien confío. Porque Él te libra del lazo del cazador y de la pestilencia mortal, con sus plumas te cubre, y bajo sus alas hallas refugio; escudo y baluarte es su fidelidad. Salmo 91

Mientras que en la Biblia Dios nos revela la verdad de la vida, los medios de comunicación nos mienten y ocultan la verdad.

Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra? Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. Mateo 15, 12-14

Deben ser muy pocas las personas adultas que no se han dado cuenta todavía, de que vivimos en un mundo lleno de mentiras, apariencias, fingimientos e hipocresía. La sinceridad y la honestidad, que una vez fueron virtudes en la sociedad de tiempos pasados, han desaparecido de los escenarios públicos. Lo que está de moda en la actualidad es: crear nuevas mentiras y contarlas de una forma tan refinada y con detalles imaginados, para que el público crea que son verdades. Tal como hacen los escritores de novelas de ficción y las agencias de publicidad comercial.

Hoy en día con el avance de las técnicas de computación digital, ya es posible falsificar y manipular fotografías, videos y grabaciones de audio, por lo que tampoco se puede confiar ni creer en la autenticidad de esos medios audiovisuales tradicionales. Por lo tanto, eso significa que: ¡No podemos confiar en lo que ven nuestros ojos y escuchan nuestros oídos!

¿Dónde está entonces la verdad? y ¿donde está la luz que nos pueda guiar en esta vida terrenal?
La verdad y la luz siguen estando en la Palabra de Dios. La palabra de Dios ha sido desde siempre y seguirá siendo la gran revelación divina. En la Biblia, Dios mismo se puso de manifiesto a la humanidad por medio de su Hijo Jesucristo, nos afirmó que poseemos un espíritu o alma inmortal dentro de nuestro cuerpo y también nos reveló la existencia del mal.

Jesucristo en el Nuevo Testamento, le revela por primera vez a la Humanidad que Dios NO es un « Ser Superior », ni « el Destino » y ni mucho menos « una fuerza mayor de la naturaleza », sino que es el Dios Padre, es decir, nuestro Padre Celestial.
Dios Padre nos ama como hijos por haber sido creados por Él con un alma hecha a su imagen y semejanza. La obra del Sacrificio en la Cruz y la Redención de los pecados hecha por Jesús, le concedió la Gracia a los creyentes cristianos de podernos considerar también como hijos de Dios.

La Palabra de Dios es verdadera, firme y segura; y es la palabra en la que podemos confiar plenamente. Es tan firme y segura por ser ella una palabra que dura toda una eternidad, puesto que no cambia jamás y siempre ha de cumplirse, como de hecho se ha cumplido desde hace ya miles de años.
La Biblia dice simplemente la cruda verdad sobre el ser humano, sobre lo que hace mal y sobre lo que deja de hacer, cuando lo podría hacer mejor si obedeciera los mandamientos de Dios.
Por decir la verdad sobre el corazón humano, es que muchas personas al leer la Biblia se sienten algo incómodas, debido a que estan acostumbradas a escuchar y leer cosas gratas que se dicen mutuamente las personas en la sociedad aduladora y frívola de hoy en día.

En el mundo moderno se miente tanto y se oculta la verdad principalmente por el anhelo de ganar cada vez más dinero y el deseo de ser alguien importante. El sistema económico capitalista fomenta en el hombre y la mujer el afán de ganar mucho dinero, de poseer abundancia de bienes y de llegar ser una pesona importante en la sociedad. Y para lograr ganar mucho dinero en un tiempo relativamente corto, se hace necesario mentir y ocultar la verdad. Esta condición es una realidad innegable.

Tanto los medios de comunicación como los vendedores por su gran interés en ganar dinero, nos mienten sin clemencia, y además, se sienten hasta orgullosos de decirnos embustes, con tal de que su caja registradora esté llena al final del dia.
Dejarse guiar en la vida por gente embustera, sería lo mismo que un ciego se dejara guiar por otro ciego, es decir, ninguno de los dos llegarían bien a ninguna parte.

Uno podría afirmar entonces, que se acude a la mentira por el interés en el dinero y el poder. Mientras que a la verdad se acude por el amor.
Así lo afirmaba San Agustín cuando hablaba sobre la verdad:
El amor es lo que impulsa a ir en búsqueda de la verdad.
La única forma de decir la verdad es amando

Dios es la fuente original del amor, nos ama como hijos y desea la salvación eterna para nosotros. Por eso nos dice la verdad y quiere ser nuestro guía espiritual en esta vida terrenal y después de nuestra muerte, en la vida eterna en el Reino de los Cielos.

Si estas desilusionado de este mundo mentiroso, o si sientes un vacío en tu interior por no haber encontrado respuestas a tus interrogantes sobre el sentido y el propósito de tu vida en esta sociedad materialista, en la que solamente se piensa en consumir y en divertirse; te ruego que acudas con fe y humildad a Jesucristo y a la Palabra de Dios. Allí encontrarás enseñazas y mensajes maravillosos que si los lees con profunda fe, te llenarán de consuelo y esperanza.

Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas.
Mateo 11, 28-29

La existencia del mundo espiritual fue revelada por la Palabra de Dios, que está escrita en la Biblia.

Las religiones antiguas más conocidas, tuvieron desde sus inicios divinidades y dioses del mundo natural y del firmamento, como por ejemplo: el sol, los planetas conocidos, los volcanes, el mar, los relámpagos, truenos, dragones imaginarios y hasta la naturaleza y sus animales.
En la gran mayoría de esas religiones también se cree en la existencia de fuerzas sobrenaturales del bien y del mal, que actúan sobre los seres humanos, pero en todos esos cultos, esas fuerzas son atribuidas a seres vivos y elementos de la naturaleza.

Por el contrario, en el Viejo Testamento del antiguo pueblo de Israel, es donde se menciona por primera vez la palabra en hebreo « ruah » que en latín se expresa con la palabra « espíritu » y que significa soplo, es decir, algo invisible e imperceptible como el aire que respiramos. Pero lo más importante es el hecho, de que el origen de ese soplo o espíritu siempre se le atribuye a Dios, Creador del universo: el espíritu de Dios.
Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Génesis 1, 2

Entonces dijo Yahveh: « No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne; que sus días sean ciento veinte años. Génesis 6, 3

Estos dos versículos al inicio de la Biblia, son excelentes evidencias que revelan a Dios o Yahveh(en hebreo), como la fuente originaria y creadora del mundo espiritual y del espíritu humano o alma. Y Dios afirma allí, que es el alma lo que le da vida a nuestro cuerpo de carne y huesos; y que la duración máxima de la vida terrenal será de 120 años, por causa de la muerte, momento en que el alma se separa y abandona el cuerpo.

Para los seres humanos, el mundo espiritual ha sido y será siempre una dimensión desconocida o un gran misterio, por ser de naturaleza inmaterial, invisible e imperceptible. Nosotros no tendremos acceso al mundo espiritual de Dios, mientras nuestro espíritu permanezca en el cuerpo, es decir, mientras vivamos en este mundo terrenal.

Con la venida al mundo del Mesías como Hijo de Dios, ya anunciada desde siglos al pueblo israelita, Cristo Jesús le revela a la Humanidad en el Nuevo Testamento por primera vez en la historia, lo siguiente: 1) la existencia del Reino espiritual de Dios en los Cielos; 2) la promesa de vida eterna para el alma humana después de su separación del cuerpo, de todos aquellos que crean en Él; y 3) el perdón de los pecados por la Gracia y la Misericordia de Dios Padre.

En su recorrido por Galilea el Señor Jesucristo proclamó en el monte:
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Mateo 5, 3

Alegraos y regocijaos, que vuestra recompensa será grande en los cielos;
Mateo 5, 13

Después, principalmente los discípulos San Juan y San Pedro y sobre todo el apostol San Pablo fueron los que se dedicaron a propagar y explicar más en detalles todo lo referente al mundo espiritual de Dios, con diversas enseñazas y mensajes como los siguientes:

San Juan
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Juan 4, 24

San Pedro
A éstos (los profetas) se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles. 1. Pedro 1,13

San Pablo
Efectívamente, los que viven según la carne, desean lo carnal; mas los que viven según el espíritu, lo espiritual. Pues las tendencias de la carne son muerte; mas las del espíritu son vida y paz. Romanos 8, 5-6

Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece. Romanos 8, 9

Espero haberles mostrado con este breve resumen, la forma reiterada en que la existencia del mundo espiritual de Dios está presente en toda la Biblia, y que al leer la Palabra de Dios, como hilo conductor y tema central nos conduce a la grandiosa Buena Nueva de Jesús para todos: la vida eterna en el Reino de los Cielos.

La verdad de la Biblia es como agua fresca de beber en este desierto de mentiras en que vivimos.

El que practica el engaño no morará en mi casa; el que habla mentiras no permanecerá en mi presencia. Salmo 101, 7

«La Verdad recorría por entonces el mundo para enseñar a los hombres las vías de la justicia y del bien, aunque la mayor parte de las veces era muy mal recibida. La Mentira, por el contrario, que distribuía incontablemente falsas esperanzas y sus ilusiones, era acogida en todas partes como una princesa. Por tal motivo, ella iba siempre muy cuidada y con buen aspecto, orgulloso el porte y esplendorosa de salud, mientras que Verdad iba vestida de andrajos, delgada, pálida y con un aspecto lamentable. Cuando vio a su enemiga de toda la vida tan próspera y feliz, Verdad no pudo evitar lamentarse por su propia suerte:
¿por qué te aman los hombres más que a mí? Es injusto. Tu palabra no vale nada, mientras que la mía es inalterable.
Mentira se echó a reír, y dijo:
Es que no lo sabes hacer, Verdad. Tu voz es muy cortante, tus palabras demasiado crudas. Te falta tacto y diplomacia. Eres un espejo sin concesiones. Yo suavizo las aristas, embellezco los rostros ingratos, rejuvenezco a los viejos, llevo a los hombres el sueño y el placer. Y ellos me aman en la medidad de la felicidad que les doy.
(Verdad) Pero tal felicidad es artificial. Se funda en el engaño y en la ilusión.
(Mentira) ¿Y qué? Vale más una felicidad falsa que un sufrimiento auténtico.»

Lo anterior es un extracto del cuento la Verdad y la Mentira hacen juntas el camino del escritor francés Edouard Brasey, el cual ilustra muy bien el por qué algunas personas prefieren escuchar y leer mentiras que verdades.
Hay individuos que se dejan hechizar por la atractividad de las mentiras, y además algunos son hasta capacez de vivir a gusto en el engaño o en su propio mundillo ilusorio. Sin ir muy lejos, los adictos a las drogas son un ejemplo extremo de ese tipo de gente, quienes siempre están tratando de escapar de la dura realidad de la vida.

La mística italiana Catalina de Siena (1347-1380) dijo: «El hombre no vive de flores, sino de frutos», afirmación ésta que es muy cierta, puesto que de flores no nos podemos alimentar, mientras que de los frutos sí. Las mentiras por tener características similares a las flores como: muy atractivas, bellos colores y fragancias agradables; por eso abundan en este mundo como la arena en el desierto. Por el contrario la verdad es muy escasa, así como es el agua en el desierto, pero ella es indispensable para poder sobrevivir y ser feliz en esas condiciones del mundo de mentiras en que vivimos.

La búsqueda de la verdad y del amor verdadero son necesidades básicas del alma humana, y esa búsqueda por la verdad no es sino la búsqueda de Dios, porque Dios es la fuente original del amor y de la verdad.
Según San Agustín de Hipona, a la verdad eterna e inmutable se llega por medio del amor, y por esa misma razón, para poder disfrutar de la felicidad auténtica se requiere que esté fundamentada sobre el amor y la verdad.

Para nosotros los creyentes cristianos, la Biblia es la Palabra de Dios y en consecuencia, en ella está escrita la verdad divina y eterna.

Algunos podrán decir: ¿Cómo sabemos que la Biblia es verdad? Yo, desde hace unos años no tengo que hacer esa pregunta, porque un buen día la verdad de Dios me fue confirmada en mi corazón por el Espíritu Santo.
Les propongo lo siguiente: hagan la prueba ustedes mismos y lean la Biblia con confianza y con el deseo de encontrar la verdad. Inicien su lectura en el Evangelio del Señor Jesucristo o Nuevo Testamento. Mediten lo leído y descubrirán que el Señor es bueno y amoroso. Confiar en Él es realmente una decisión afortunada. Esa es la mejor manera de confirmar la verdad de la Biblia.

Concluyo con un extracto del texto de una leyenda africana:
“Mentira, tú florecerás sin dar jamás fruto. Gustarás a los hombres aunque nunca les harás bien. En cambio tú, Verdad, serás amarga, dura y a veces harás sentir mal pero siempre acabarás haciendo felices a los seres humanos”.

No sigas confiando en engaños, busca más bien la verdad que por amor te ofrece Dios en su Palabra.

« No haréis injusticia en los juicios, ni en las medidas de peso ni de capacidad. Tendréis balanzas justas, pesas justas, » Levítico 19, 35-36

¿Quién no ha sido decepcionado una y otra vez, al comprar algún producto o servicio, del que la publicidad o el mismo vendedor se han excedido en elogios sobre su excelente calidad y sus buenas propiedades? Seguramente muchos de ustedes habrán perdido ya la cuenta de las frustraciones que han vivido por la mala calidad y el mal servicio al adquirir algo. Esas experiencias desagradables se deben a una perjudicial y antigua costumbre de los productores y comerciantes en todo el mundo: sacarle dinero al comprador con engaño y cobrarle más de lo justo.

La ambición de ganar la máxima cantidad de dinero posible, es lo que motiva siempre a los fabricantes y comerciantes a actuar intencionalmente de esa manera engañosa con sus clientes. Eso se llama amor al dinero y a nada más. No sienten aprecio por los compradores. Aquél que siente afecto sincero por alguien, no lo engaña ni perjudica adrede.
La industria y el comercio financian a las agencias publicitarias, quienes en nombre de las empresas patrocinantes, hacen el trabajo sucio de la publicidad engañosa para aumentar sus ventas y sus ganancias.

Frente a esta realidad generalizada, la actitud que deberíamos de adoptar nosotros los creyentes cristianos, es la que Jesús le recomendó a sus discípulos:
Mirad, yo os envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, sed astutos como las serpientes y sencillos como las palomas. Pero cuidaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas;… Mateo 10, 16-17
Esta es una de las tantas advertencias que el Señor Jesucristo le dió a sus seguidores en aquellos tiempos, y nos las da ahora también a todos nosotros.

Dios por su amor puro y eterno hacia nosotros, nos enseña y nos advierte en su Palabra, siempre con la verdad y con el único propósito, de guiarnos en este mundo terrenal por el camino de la salvación de nuestras almas, que nos mostró su Hijo Jesucristo.

El que ama de verdad y profundamente, desea sólo lo mejor para la persona amada.
Así como una madre y un padre por amor a sus hijos, les cuidan, les enseñan, les advierten y les guían para que alcancen un futuro mejor.

Nosotros por padecer de debilidades naturales como: el miedo, la vanidad, el orgullo, la ambición, el egoísmo, la envidia, etc; asiduamente mentimos y engañamos con innata facilidad.
Por el contrario, Dios nunca miente.

Dios no es hombre, para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? Números 23, 19

Apreciado lector, si estás cansado de tantos engaños y falsedades en este mundo regido por hombres rendidos al poder y al dinero, y si estás buscando una fuente segura e infalible de la verdad en la que puedas depositar tu confianza y esperanza, te aconsejo que acudas a la Palabra de Dios, escrita en la Biblia.

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos; que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.
1 Timoteo 1,15