Mientras que en la Biblia Dios nos revela la verdad de la vida, los medios de comunicación nos mienten y ocultan la verdad.

Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra? Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. Mateo 15, 12-14

Deben ser muy pocas las personas adultas que no se han dado cuenta todavía, de que vivimos en un mundo lleno de mentiras, apariencias, fingimientos e hipocresía. La sinceridad y la honestidad, que una vez fueron virtudes en la sociedad de tiempos pasados, han desaparecido de los escenarios públicos. Lo que está de moda en la actualidad es: crear nuevas mentiras y contarlas de una forma tan refinada y con detalles imaginados, para que el público crea que son verdades. Tal como hacen los escritores de novelas de ficción y las agencias de publicidad comercial.

Hoy en día con el avance de las técnicas de computación digital, ya es posible falsificar y manipular fotografías, videos y grabaciones de audio, por lo que tampoco se puede confiar ni creer en la autenticidad de esos medios audiovisuales tradicionales. Por lo tanto, eso significa que: ¡No podemos confiar en lo que ven nuestros ojos y escuchan nuestros oídos!

¿Dónde está entonces la verdad? y ¿donde está la luz que nos pueda guiar en esta vida terrenal?
La verdad y la luz siguen estando en la Palabra de Dios. La palabra de Dios ha sido desde siempre y seguirá siendo la gran revelación divina. En la Biblia, Dios mismo se puso de manifiesto a la humanidad por medio de su Hijo Jesucristo, nos afirmó que poseemos un espíritu o alma inmortal dentro de nuestro cuerpo y también nos reveló la existencia del mal.

Jesucristo en el Nuevo Testamento, le revela por primera vez a la Humanidad que Dios NO es un « Ser Superior », ni « el Destino » y ni mucho menos « una fuerza mayor de la naturaleza », sino que es el Dios Padre, es decir, nuestro Padre Celestial.
Dios Padre nos ama como hijos por haber sido creados por Él con un alma hecha a su imagen y semejanza. La obra del Sacrificio en la Cruz y la Redención de los pecados hecha por Jesús, le concedió la Gracia a los creyentes cristianos de podernos considerar también como hijos de Dios.

La Palabra de Dios es verdadera, firme y segura; y es la palabra en la que podemos confiar plenamente. Es tan firme y segura por ser ella una palabra que dura toda una eternidad, puesto que no cambia jamás y siempre ha de cumplirse, como de hecho se ha cumplido desde hace ya miles de años.
La Biblia dice simplemente la cruda verdad sobre el ser humano, sobre lo que hace mal y sobre lo que deja de hacer, cuando lo podría hacer mejor si obedeciera los mandamientos de Dios.
Por decir la verdad sobre el corazón humano, es que muchas personas al leer la Biblia se sienten algo incómodas, debido a que estan acostumbradas a escuchar y leer cosas gratas que se dicen mutuamente las personas en la sociedad aduladora y frívola de hoy en día.

En el mundo moderno se miente tanto y se oculta la verdad principalmente por el anhelo de ganar cada vez más dinero y el deseo de ser alguien importante. El sistema económico capitalista fomenta en el hombre y la mujer el afán de ganar mucho dinero, de poseer abundancia de bienes y de llegar ser una pesona importante en la sociedad. Y para lograr ganar mucho dinero en un tiempo relativamente corto, se hace necesario mentir y ocultar la verdad. Esta condición es una realidad innegable.

Tanto los medios de comunicación como los vendedores por su gran interés en ganar dinero, nos mienten sin clemencia, y además, se sienten hasta orgullosos de decirnos embustes, con tal de que su caja registradora esté llena al final del dia.
Dejarse guiar en la vida por gente embustera, sería lo mismo que un ciego se dejara guiar por otro ciego, es decir, ninguno de los dos llegarían bien a ninguna parte.

Uno podría afirmar entonces, que se acude a la mentira por el interés en el dinero y el poder. Mientras que a la verdad se acude por el amor.
Así lo afirmaba San Agustín cuando hablaba sobre la verdad:
El amor es lo que impulsa a ir en búsqueda de la verdad.
La única forma de decir la verdad es amando

Dios es la fuente original del amor, nos ama como hijos y desea la salvación eterna para nosotros. Por eso nos dice la verdad y quiere ser nuestro guía espiritual en esta vida terrenal y después de nuestra muerte, en la vida eterna en el Reino de los Cielos.

Si estas desilusionado de este mundo mentiroso, o si sientes un vacío en tu interior por no haber encontrado respuestas a tus interrogantes sobre el sentido y el propósito de tu vida en esta sociedad materialista, en la que solamente se piensa en consumir y en divertirse; te ruego que acudas con fe y humildad a Jesucristo y a la Palabra de Dios. Allí encontrarás enseñazas y mensajes maravillosos que si los lees con profunda fe, te llenarán de consuelo y esperanza.

Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas.
Mateo 11, 28-29

La existencia del mundo espiritual fue revelada por la Palabra de Dios, que está escrita en la Biblia.

Las religiones antiguas más conocidas, tuvieron desde sus inicios divinidades y dioses del mundo natural y del firmamento, como por ejemplo: el sol, los planetas conocidos, los volcanes, el mar, los relámpagos, truenos, dragones imaginarios y hasta la naturaleza y sus animales.
En la gran mayoría de esas religiones también se cree en la existencia de fuerzas sobrenaturales del bien y del mal, que actúan sobre los seres humanos, pero en todos esos cultos, esas fuerzas son atribuidas a seres vivos y elementos de la naturaleza.

Por el contrario, en el Viejo Testamento del antiguo pueblo de Israel, es donde se menciona por primera vez la palabra en hebreo « ruah » que en latín se expresa con la palabra « espíritu » y que significa soplo, es decir, algo invisible e imperceptible como el aire que respiramos. Pero lo más importante es el hecho, de que el origen de ese soplo o espíritu siempre se le atribuye a Dios, Creador del universo: el espíritu de Dios.
Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Génesis 1, 2

Entonces dijo Yahveh: « No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne; que sus días sean ciento veinte años. Génesis 6, 3

Estos dos versículos al inicio de la Biblia, son excelentes evidencias que revelan a Dios o Yahveh(en hebreo), como la fuente originaria y creadora del mundo espiritual y del espíritu humano o alma. Y Dios afirma allí, que es el alma lo que le da vida a nuestro cuerpo de carne y huesos; y que la duración máxima de la vida terrenal será de 120 años, por causa de la muerte, momento en que el alma se separa y abandona el cuerpo.

Para los seres humanos, el mundo espiritual ha sido y será siempre una dimensión desconocida o un gran misterio, por ser de naturaleza inmaterial, invisible e imperceptible. Nosotros no tendremos acceso al mundo espiritual de Dios, mientras nuestro espíritu permanezca en el cuerpo, es decir, mientras vivamos en este mundo terrenal.

Con la venida al mundo del Mesías como Hijo de Dios, ya anunciada desde siglos al pueblo israelita, Cristo Jesús le revela a la Humanidad en el Nuevo Testamento por primera vez en la historia, lo siguiente: 1) la existencia del Reino espiritual de Dios en los Cielos; 2) la promesa de vida eterna para el alma humana después de su separación del cuerpo, de todos aquellos que crean en Él; y 3) el perdón de los pecados por la Gracia y la Misericordia de Dios Padre.

En su recorrido por Galilea el Señor Jesucristo proclamó en el monte:
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Mateo 5, 3

Alegraos y regocijaos, que vuestra recompensa será grande en los cielos;
Mateo 5, 13

Después, principalmente los discípulos San Juan y San Pedro y sobre todo el apostol San Pablo fueron los que se dedicaron a propagar y explicar más en detalles todo lo referente al mundo espiritual de Dios, con diversas enseñazas y mensajes como los siguientes:

San Juan
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Juan 4, 24

San Pedro
A éstos (los profetas) se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles. 1. Pedro 1,13

San Pablo
Efectívamente, los que viven según la carne, desean lo carnal; mas los que viven según el espíritu, lo espiritual. Pues las tendencias de la carne son muerte; mas las del espíritu son vida y paz. Romanos 8, 5-6

Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece. Romanos 8, 9

Espero haberles mostrado con este breve resumen, la forma reiterada en que la existencia del mundo espiritual de Dios está presente en toda la Biblia, y que al leer la Palabra de Dios, como hilo conductor y tema central nos conduce a la grandiosa Buena Nueva de Jesús para todos: la vida eterna en el Reino de los Cielos.

La verdad de la Biblia es como agua fresca de beber en este desierto de mentiras en que vivimos.

El que practica el engaño no morará en mi casa; el que habla mentiras no permanecerá en mi presencia. Salmo 101, 7

«La Verdad recorría por entonces el mundo para enseñar a los hombres las vías de la justicia y del bien, aunque la mayor parte de las veces era muy mal recibida. La Mentira, por el contrario, que distribuía incontablemente falsas esperanzas y sus ilusiones, era acogida en todas partes como una princesa. Por tal motivo, ella iba siempre muy cuidada y con buen aspecto, orgulloso el porte y esplendorosa de salud, mientras que Verdad iba vestida de andrajos, delgada, pálida y con un aspecto lamentable. Cuando vio a su enemiga de toda la vida tan próspera y feliz, Verdad no pudo evitar lamentarse por su propia suerte:
¿por qué te aman los hombres más que a mí? Es injusto. Tu palabra no vale nada, mientras que la mía es inalterable.
Mentira se echó a reír, y dijo:
Es que no lo sabes hacer, Verdad. Tu voz es muy cortante, tus palabras demasiado crudas. Te falta tacto y diplomacia. Eres un espejo sin concesiones. Yo suavizo las aristas, embellezco los rostros ingratos, rejuvenezco a los viejos, llevo a los hombres el sueño y el placer. Y ellos me aman en la medidad de la felicidad que les doy.
(Verdad) Pero tal felicidad es artificial. Se funda en el engaño y en la ilusión.
(Mentira) ¿Y qué? Vale más una felicidad falsa que un sufrimiento auténtico.»

Lo anterior es un extracto del cuento la Verdad y la Mentira hacen juntas el camino del escritor francés Edouard Brasey, el cual ilustra muy bien el por qué algunas personas prefieren escuchar y leer mentiras que verdades.
Hay individuos que se dejan hechizar por la atractividad de las mentiras, y además algunos son hasta capacez de vivir a gusto en el engaño o en su propio mundillo ilusorio. Sin ir muy lejos, los adictos a las drogas son un ejemplo extremo de ese tipo de gente, quienes siempre están tratando de escapar de la dura realidad de la vida.

La mística italiana Catalina de Siena (1347-1380) dijo: «El hombre no vive de flores, sino de frutos», afirmación ésta que es muy cierta, puesto que de flores no nos podemos alimentar, mientras que de los frutos sí. Las mentiras por tener características similares a las flores como: muy atractivas, bellos colores y fragancias agradables; por eso abundan en este mundo como la arena en el desierto. Por el contrario la verdad es muy escasa, así como es el agua en el desierto, pero ella es indispensable para poder sobrevivir y ser feliz en esas condiciones del mundo de mentiras en que vivimos.

La búsqueda de la verdad y del amor verdadero son necesidades básicas del alma humana, y esa búsqueda por la verdad no es sino la búsqueda de Dios, porque Dios es la fuente original del amor y de la verdad.
Según San Agustín de Hipona, a la verdad eterna e inmutable se llega por medio del amor, y por esa misma razón, para poder disfrutar de la felicidad auténtica se requiere que esté fundamentada sobre el amor y la verdad.

Para nosotros los creyentes cristianos, la Biblia es la Palabra de Dios y en consecuencia, en ella está escrita la verdad divina y eterna.

Algunos podrán decir: ¿Cómo sabemos que la Biblia es verdad? Yo, desde hace unos años no tengo que hacer esa pregunta, porque un buen día la verdad de Dios me fue confirmada en mi corazón por el Espíritu Santo.
Les propongo lo siguiente: hagan la prueba ustedes mismos y lean la Biblia con confianza y con el deseo de encontrar la verdad. Inicien su lectura en el Evangelio del Señor Jesucristo o Nuevo Testamento. Mediten lo leído y descubrirán que el Señor es bueno y amoroso. Confiar en Él es realmente una decisión afortunada. Esa es la mejor manera de confirmar la verdad de la Biblia.

Concluyo con un extracto del texto de una leyenda africana:
“Mentira, tú florecerás sin dar jamás fruto. Gustarás a los hombres aunque nunca les harás bien. En cambio tú, Verdad, serás amarga, dura y a veces harás sentir mal pero siempre acabarás haciendo felices a los seres humanos”.

No sigas confiando en engaños, busca más bien la verdad que por amor te ofrece Dios en su Palabra.

« No haréis injusticia en los juicios, ni en las medidas de peso ni de capacidad. Tendréis balanzas justas, pesas justas, » Levítico 19, 35-36

¿Quién no ha sido decepcionado una y otra vez, al comprar algún producto o servicio, del que la publicidad o el mismo vendedor se han excedido en elogios sobre su excelente calidad y sus buenas propiedades? Seguramente muchos de ustedes habrán perdido ya la cuenta de las frustraciones que han vivido por la mala calidad y el mal servicio al adquirir algo. Esas experiencias desagradables se deben a una perjudicial y antigua costumbre de los productores y comerciantes en todo el mundo: sacarle dinero al comprador con engaño y cobrarle más de lo justo.

La ambición de ganar la máxima cantidad de dinero posible, es lo que motiva siempre a los fabricantes y comerciantes a actuar intencionalmente de esa manera engañosa con sus clientes. Eso se llama amor al dinero y a nada más. No sienten aprecio por los compradores. Aquél que siente afecto sincero por alguien, no lo engaña ni perjudica adrede.
La industria y el comercio financian a las agencias publicitarias, quienes en nombre de las empresas patrocinantes, hacen el trabajo sucio de la publicidad engañosa para aumentar sus ventas y sus ganancias.

Frente a esta realidad generalizada, la actitud que deberíamos de adoptar nosotros los creyentes cristianos, es la que Jesús le recomendó a sus discípulos:
Mirad, yo os envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, sed astutos como las serpientes y sencillos como las palomas. Pero cuidaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas;… Mateo 10, 16-17
Esta es una de las tantas advertencias que el Señor Jesucristo le dió a sus seguidores en aquellos tiempos, y nos las da ahora también a todos nosotros.

Dios por su amor puro y eterno hacia nosotros, nos enseña y nos advierte en su Palabra, siempre con la verdad y con el único propósito, de guiarnos en este mundo terrenal por el camino de la salvación de nuestras almas, que nos mostró su Hijo Jesucristo.

El que ama de verdad y profundamente, desea sólo lo mejor para la persona amada.
Así como una madre y un padre por amor a sus hijos, les cuidan, les enseñan, les advierten y les guían para que alcancen un futuro mejor.

Nosotros por padecer de debilidades naturales como: el miedo, la vanidad, el orgullo, la ambición, el egoísmo, la envidia, etc; asiduamente mentimos y engañamos con innata facilidad.
Por el contrario, Dios nunca miente.

Dios no es hombre, para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? Números 23, 19

Apreciado lector, si estás cansado de tantos engaños y falsedades en este mundo regido por hombres rendidos al poder y al dinero, y si estás buscando una fuente segura e infalible de la verdad en la que puedas depositar tu confianza y esperanza, te aconsejo que acudas a la Palabra de Dios, escrita en la Biblia.

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos; que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.
1 Timoteo 1,15

El amor de Jesucristo por nosotros es más fuerte que la muerte

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Juan 13, 1

Dios es amor. Esta es quizás la descripción más sencilla, más instructiva y más acertada para expresar lo que Dios debería de significar para todos los creyentes cristianos del mundo. Dicha frase se encuentra cerca del final de la Biblia en la primera epístola de San Juan: Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él.
(1 Juan 4, 8-9)

Dediquemos unos minutos a recordar la promesa de vida eterna del Señor Jesucristo y la obra de redención para el perdón de nuestros pecados; y también a imaginarnos primero, el rechazo y desprecio que recibió de sus hermanos de raza judíos; segundo, las vejaciones y humillaciones que Jesús tuvo que soportar antes de ser crucificado, y finalmente, la terrible y lenta muerte que padeció en la cruz del Calvario.
Y ahora les ruego que pensemos, en que Jesucristo siendo Hijo único de Dios, pasó por todo eso, únicamente por amor a toda la Humanidad y por amor a Dios Padre.

Igualmente es oportuno que recordemos, que el amor de Dios hacia nosotros es eterno, puesto que Dios no ama a nuestros cuerpos mortales que perecen, sino que ama sobre todo a nuestras almas o espíritus inmortales que vivirán eternamente.

El amor divino es inagotable, no tiene fin y tampoco tiene ningún obstáculo que lo detenga o interrumpa.
Dios nos ama desde que nacemos en este mundo y nos seguirá amando sin interrupción después de la muerte.

La promesa de vida eterna está plasmada clara y diáfanamente en el Evangelio para todos, solamente es necesario creer en Jesucristo y esperar con fervor en esa esperanza viva, confiando con la fe firme de un niño pequeño, en que el Hijo de Dios cumplirá su promesa.

Roguémosle al Espiritu Santo que nos fortalezca nuestra fe y nos conceda la humildad necesaria, para aferrarnos al amor y a la misericordia del Salvador que nos ama hasta el extremo.

En este mundo todos somos unos turistas

Señor, hazme saber mi fin, y cuál es la medida de mis días, para que yo sepa cuán efímero soy. Salmo 39, 4

Cuando una persona conocida ha muerto, al referirnos al fallecido, decimos se nos fue Fulano!… porque creemos que al morir, el alma inmortal se separa del cuerpo y parte de este mundo material para vivir espiritualmente en otro mundo, al que nosotros los cristianos llamamos el Reino de Dios o Reino de los Cielos.

Sabemos muy bien, que en este mundo estamos de paso y sólo por un tiempo limitado, como unos turistas sencillamente. A nuestra vida terrenal la podríamos imaginar como un viaje existencial en el que: llegamos, nos quedamos un tiempo como turistas y partimos de repente.

Mucha gente vive, trabaja y compra cosas como si se fueran a quedar aquí para siempre, puesto que han logrado borrar de su mente, la idea de que están solamente de paso por este mundo. Para ilustrar esa situación voy a utilizar este popular relato:
Se cuenta que en el siglo pasado, un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, Egipto, con la finalidad de visitar a un famoso sabio.
El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.
¿Dónde están sus muebles? preguntó el turista.
Y el sabio, rápidamente, también preguntó:
¿Y dónde están los suyos? –
¿Los míos?, se sorprendió el turista.
¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso!
Yo también… le dijo  el  sabio.

Estar conscientes de la realidad de que estamos aquí de paso, nos trae beneficios a nuestra vida, porque se nos hace necesario adoptar una actitud más prudente, para dedicar nuestro tiempo en primer lugar a los asuntos más importantes, y dejar de lado aquellas cosas opcionales o innecesarias. Y esa es justamente la actitud que tomamos cuando preparamos un viaje turístico con la familia, durante esa fase previa en la que debemos analizar muy bien, cuáles son las cosas indispensables que se necesitan llevar y cuáles sitios más relevantes se van a visitar, para así evitar lamentaciones posteriormente.

Una enfermera inglesa, que trabaja en un hospital para pacientes moribundos en su fase terminal, hizo una interesante encuesta entre los enfermos antes de morir, sobre cuáles eran los asuntos que lamentaban profundamente no haber hecho en su vida. Estas fueron las respuestas más frecuentes:

  1. Ojalá hubiera tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo, y no la vida que los demás esperaban de mí.
  2. Me hubiese gustado compartir más tiempo con mi esposa y mis hijos. Pasé demasiado tiempo de mi vida dedicado al trabajo.
  3. Ojalá hubiera tenido el valor de expresar mis verdaderos sentimientos.

Es conveniente que aprendamos a hablar sobre la realidad de la muerte, porque aunque no nos guste pensar en élla, estará siempre presente en nuestra vida, y eso nos puede ayudar mucho a reflexionar sobre el destino final de nuestra alma y sobre Dios, nuestro Padre celestial.

“El cristianismo es grande, porque es una preparación para la muerte inevitable.” Esta frase de Cecilio Acosta (1818 – 1881), insigne intelectual y escritor venezolano, resume la portentosa obra que realiza en el alma del creyente, la esperanza viva que surge de la promesa de vida eterna que trajo Jesucristo a la humanidad.

La Biblia es guía eficaz y segura para la vida

Nuestra conciencia, nuestras ideas, nuestros sentimientos, nuestras vivencias espirituales, es decir, nuestro mundo interior, es lo más verdadero y auténtico de nuestra existencia, y por esa sencilla razón, es lo que más deberíamos de consultar y escuchar a la hora de tomar decisiones en la vida.

Eso justamente, es lo que han hecho los grandes héroes de la fe, como el rey David de Judá hace más de 3000 años, quienes han quedado como modelos a imitar para toda la humanidad, y de quienes todos nosotros podríamos aprender muchísimo.

Fíjense en ésta manera tan expresiva y al mismo tiempo tan solícita y cariñosa, con la que David dice para sus adentros clamando: ¿Alma mía por qué te abates, por qué te turbas dentro de mi? (Salmo 42)

¿Quién no se ha sentido alguna vez, así de triste, de abatido interiormente, de turbado y desconsolado como se sintió  David en ese momento?

La Biblia, además de ser la Santa Palabra de Dios y de servir de alimento espiritual para la humanidad, en élla estan descritos y reflejados todos aquéllos estados y las pasiones del alma humana, que todo hombre y mujer han experimentado y padecido en algún momento de su vida. Por esa razón, se podría considerar la Biblia como el espejo veraz y probado del espíritu humano, de todos los tiempos.

Ese salmo de David, es por cierto, una muestra excelente y práctica del amor a sí mismo, al que se refirió Jesucristo en su mensaje sobre el mandamiento más importante.

El amor a sí mismo consiste en atender a nuestra propia alma apropiadamente y corresponder en lo posible sus necesidades fundamentales que son: el conocimiento de la verdad, el amor puro (caridad), la fe y la esperanza.

La lectura de los salmos de David en la biblia, ha sido para mi una fuente maravillosa de consuelo, de comprensión y de solidaridad espiritual, porque los salmos me enseñaron en primer lugar, una manera de acudir a Dios por su ayuda y de expresar acertadamente mi propia aflicción y sufrimiento, y en segundo lugar, me enseñaron que otras personas tambien habían experimentado experiencias tormentosas en sus vidas y que habían sufrido en una forma muy similar a la mía.

Si en alguna de las innumerables luchas que la vida nos pone en nuestro transitar, nuestra alma se llegara abatir por algo, si nos sentimos derribados moralmente, lo mejor que podemos hacer es, recogernos en la intimidad de nuestro ser, estar dentro de sí, centrárnos en lo más profundo de nuestra alma, y dirigirnos a élla y alentarla cariñosamente con las poderosas promesas que Dios nos ha revelado en su Palabra, tal como lo hizo el rey David durante su tortuosa vida.