Respecto a los sufrimientos que padecemos, Dios permite que eso suceda, para la salvación eterna de nuestra alma.

Pero él le dijo: “Como habla cualquier mujer necia, has hablado. ¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal?” En todo esto Job no pecó con sus labios. Job 2,10

Así como aceptamos todo lo bueno que nos sucede, tambien debemos aceptar todo lo malo que nos proporciona el destino durante la vida. El destino es una fuerza sobrenatural mayor, que actúa de forma inevitable tanto sobre las personas como sobre los acontecimientos y que no podemos cambiar. En la vida todo tiene un lado positivo y un lado negativo, empezando por cada ser humano que tiene virtudes y defectos. Al escoger nuestra pareja para compartir la vida, tenemos que aceptarla con sus buenas cualidades y sus defectos, porque nadie es perfecto, ni siquiera usted mismo.

En esta sociedad de consumo y de la abundancia en la que vivimos desde hace unos 80 años, la industria y los comercios nos han estado ofreciendo cada vez más productos y servicios para complacer nuestras necesidades, y de esa manera nos hemos acostumbrado a poder escoger y comprar lo que deseamos y a rechazar lo que no nos gusta. Esa situación, nos ha conducido a ser un poco malcriados y consentidos, en el sentido de que sin darnos cuenta, ahora también de la misma vida sólo aceptamos lo que nos gusta, lo que consideramos como bueno. Esa nueva actitud ante la vida NO se corresponde con la realidad, y en consecuencia, mucha gente vive frustrada, descontenta y amargada porque esperan recibir solamente lo bueno y lo que les gusta. La vida NO es una supertienda, a la que le podemos pedir solo lo bueno que deseamos y recibirlo a domicilio.

El filósofo español Maimónides de origen judío, escribió la siguiente reflexión acerca de la soberanía de Dios sobre todo lo que sucede en el universo, la cual nos puede ayudar a tomar la actitud adecuada ante la realidad de la vida:

El universo tiene sus propios fines, superiores a los que imagina el hombre, y el conocimiento divino que ordena la creación es de otra índole mucho más excelente que el conocimiento humano. Cuando nos hayamos percatado de estas verdades, sobrellevaremos fácilmente todo cuanto nos suceda; la desventura no suscitará dudas en nuestro corazón acerca de Dios, de si cuida de nosotros o nos abandona. Antes bien, el trágico destino contribuirá a encender nuestro amor a Dios. Todo en el Universo es bueno en esencia, y todas las acciones conspiran a despertar el conocimiento que lleva a Dios y a la felicidad

Todo lo inevitable tanto bueno como malo que sucede en nuestra vida y en el mundo, tiene seguramente un determinado fin y propósito, que nosotros desconocemos y que quizás nunca llegaremos a comprender.

Lo más importante para un creyente cristiano es confiar en Dios con toda su alma y con toda su mente, así como también tener paciencia y esperar siempre en el Señor Jesucristo, quien nunca nos defraudará.
Fijémonos en la paciencia y en la fe que tuvo Job, durante su desdichada vida a pesar de haber sido un hombre justo y que no le hizo mal a nadie.

Aceptemos entonces, con paciencia también el mal que nos depara la vida, puesto que esa es la soberana voluntad de Dios y porque todo lo que nos sucede, contribuye a la salvación eterna de nuestra alma.

Y sabemos que todas las cosas ayudan a bien, a los que aman a Dios, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8, 28