Los seres humanos llevamos en nuestro corazón el anhelo de vida eterna y de inmortalidad.

y que ahora (la Gracia de Dios) ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien abolió la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio, 2. Timoteo 1,10

El anhelo de inmortalidad es una característica innata del ser humano. Toda persona desea en el fondo de su corazón, que su vida dure para siempre. Una vez nacido, cada individuo aspira a no tener que morir algún día, y ese anhelo se mantiene firme, incluso despúes de percatarse y de saber con certeza, que su muerte física es inevitable.

En las antiguas civilizaciones que lograron tallar y esculpir piedras, ese anhelo fue manifestado claramente por medio de las innumerables estatuas de personas prominentes como reyes, emperadores, guerreros y divinidades; esculpidas con el propósito de tratar de inmortalizar a esos individuos en la memoria de futuras generaciones y de dejar un testimonio de su aspecto corporal.
En todos esos pueblos originarios y sus cultos o religiones paganas existió la creencia primititva de una vida después de la muerte, pero la vida en el más allá era algo que apenas algunos sacerdotes y sacerdotizas se lo imaginaban, sin embargo, las poblaciones de esas naciones en el aspecto religioso-espiritual vivían en tinieblas y sin esperanza. Para ellos, la muerte sencillamente acababa con todo.

Varios siglos antes de que Jesús viniera la mundo, Isaías profeta del pueblo judío, hizo la profecía sobre el nacimiento del Señor Jesucristo, la cual inicia con el siguiente versículo:
El pueblo que andaba en tinieblas ha visto gran luz; a los que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz ha resplandecido sobre ellos. Isaías 9, 2

Isaías en el texto de esa profecía, utiliza muchas alegorías o símbolos como « andar en tinieblas » que significa andar a tientas sin poder ver bien el camino por la oscuridad. Es un modo de describir la vida de mucha gente, que viven de día en día sin futuro, sin metas que alcanzar, sin Dios y sin moral y quienes terminan extraviándose en una mala vida.

La venida de Jesús o el Cristo al mundo, trayendo como Hijo de Dios la buena Nueva sobre la vida eterna a aquella humanidad que vivía en tinieblas, ese mensaje de inmortalidad del alma humana y de esperanza eterna fue de tan grande importancia para esos pueblos paganos, que grandes multitudes recibieron y aceptaron el evangelio de Jesús con enorme gratitud, consuelo y alivio, lo cual cambió su vida radicalmente, porque les trajo luz y esperanza a sus vidas. Esos fueron los primeros creyentes cristianos.

Jesús les habló otra vez, diciendo: « Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. » Juan 8, 12

La Buena Nueva de Jesucristo sobre el perdón de los pecados y sobre la esperanza de vida eterna en el Reino de los Cielos, continúa hoy en día iluminando vidas y generando esperanza de vida eterna con el mismo poder de transformación y de renovación, por obra del Espíritu Santo.

Estimado lector, si te sientes vacío interiormente, si no le encuentras sentido a la vida y si sientes que andas en tinieblas, te ruego que acudas directamente en oración a Jesucristo con fe, humildad y arrepentimiento, que Él te recibirá con misericordia y amor eterno en su seno.

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