Para comprender mejor el Evangelio de Jesús, debemos leerlo con los ojos del alma y no con los ojos corporales

Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley. Peregrino soy en la tierra, no escondas de mí tus mandamientos. Quebrantada está mi alma anhelando tus ordenanzas en todo tiempo.
Salmo 119, 17-20

Muchos de ustedes al leer el título de esta reflexión se preguntarán:¿pero qué es eso de leer con los ojos del alma?
Voy a tratar de ilustrar mi explicación con la ayuda de unas de las palabras de Jesús más conocidas por los cristianos:
« No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón ». Mateo 6, 19-21
Imagínense a dos personas cristianas que leen esos versículos.
Un cristiano no cree firmemente ni en la promesa de vida eterna en el Reino de los Cielos, ni tampoco cree que Dios ha creado al ser humano con un espíritu o alma inmortal. Mientras que el otro creyente tiene una fe profunda en Jesús, y por lo tanto, ese sí cree en la vida eterna y en la existencia de su propia alma.
El primero al leer la Biblia, esos versículos desfilan ante sus ojos y las frases se deslizan por su mente, pero como el interés de su mente corporal está en asuntos materiales, el cuerpo mortal reconoce que ese mensaje celestial no es para él, y en consecuencia el mensaje espiritual de Jesús pasa desapercibido.
El segundo al leer la Biblia,  pone su alma en la lectura de los versículos, y por el gran interés que le despierta, su alma se posa sobre la verdad de las palabras de Jesús y así las va leyendo con los ojos del alma. Es entonces el alma inmortal, la que reconoce que ese mensaje celestial sobre el tesoro, sí es para ella. De esta manera, el mensaje será comprendido y asimilado por el alma como alimento espiritual.

Es muy importante recordar, que los mensajes y las enseñanzas de la Palabra de Dios, aún cuando están dirigidas a todos nosotros como seres humanos, sus promesas edificantes, su gracia y sus dones espirituales tienen como beneficiaria principal, a nuestra alma inmortal.
Jesús en este caso concreto, le está hablando directamente a nuestra alma, porque al mencionar los tesoros en el cielo, se está refiriendo al futuro de nuestras vidas, es decir, se refiere al tiempo posterior a la muerte de nuestro cuerpo, que es cuando se iniciará la vida eterna de nuestra alma en su Reino.

Desde el momento de nuestro nacimiento, nos hemos acostumbrado a identificar nuestra propia vida solamente con nuestro cuerpo visible de carne y huesos, y por lo tanto, estamos convencidos de que el cuerpo es lo único que existe de nosotros.
En consecuencia, hemos hecho del cuerpo el centro único de nuestra existencia, alrededor del cual gira toda nuestra vida y sus actividades.
Como cristianos hemos aprendido y escuchado desde niños, que además del cuerpo de carne, poseemos también un espíritu o alma inmortal. Pero como nuestro espíritu es invisible y está escondido dentro del cuerpo, lo hemos olvidado y hasta ignorado totalmente.

Para ser capaces de captar y entender bien el mensaje espiritual contenido en las Santas Escrituras, debe darse un cambio radical de perspectiva en nuestra vida, es decir, ir dejando paulatinamente que nuestro cuerpo siga siendo el único centro de nuestra vida y hacer del alma el nuevo centro o eje de nuestra existencia.

Ese cambio al que yo me refiero, tiene una excelente referencia en la historia de la de la ciencia mundial y en la historia del Cristianismo.
En la Antigüedad durante miles de años, se creía que la tierra era el centro del universo y que el sol y los demás planetas giraban alrededor de la tierra. Hasta que en el año 1543 un astrónomo y monje polaco llamado Nicolás Copernico demostró científicamente que esa creencia era equivocada, puesto que en realidad es el sol el centro del sistema solar y que la tierra junto con los otros planetas  giran alrededor del sol. Ese cambio radical o giro de perspectiva se conoce en la literatura mundial como giro copernicano.

Ahora bien, lograr ese cambio radical de verte a tí mismo y a tu vida desde una perspectiva totalmente diferente y nueva, no es nada fácil, ni tampoco se da en poco tiempo, y además se necesita la ayuda indispensable del Espíritu Santo, quién siempre está actuando sobre los creyentes.

Para generar ese cambio interior en nosotros, Dios se sirve también de los períodos y ocasiones en que padecemos enfermedades y pasamos por sufrimientos y aflicciones en la vida. Por ejemplo: la fase de la vejez, el deterioro natural de las funciones vitales del cuerpo y la misma cercanía a la muerte van generando en el ser humano un mayor nivel de perspectiva espiritual.

Es una gran bendición, que Dios por su eterno amor y su inconmesurable misericordia hacia nosotros sus criaturas, nos conceda la Gracia de generar ese cambio de perspectiva en nuestras vidas, y que se convierta nuestra dimensión espiritual el nuevo centro de la existencia.

Roguémosle entonces a Dios en nuestras oraciones diarias, que nos conceda el don maravilloso de hacer de nuestra alma eterna el centro de nuestra vida, mientras vivamos en este mundo temporal, antes de pasar a vivir eternamente en el Reino de los Cielos.

2 opiniones en “Para comprender mejor el Evangelio de Jesús, debemos leerlo con los ojos del alma y no con los ojos corporales”

  1. Hermoso los versículos de los salmos . Hace años fui disipula de la iglesia evangélica intérprete muy bien lo que nos quiere demostrar con Está explicación tan clara , de ser más espirituales , en los tiempos que corren cuesta . Pidamos ayuda a dios

    1. Señora Iuale, me siento muy complacido por haber logrado explicar claramente, en qué consiste leer la Biblia desde nuestra perspectiva espiritual.Si ha sido así, es que el Espíritu Santo ha obrado en mí para que los lectores puedan captar y comprender bien el mensaje. Pidámosle siempre ayuda a Dios en todas nuestras tareas difíciles.

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