Nuestra personalidad está compuesta por dos partes: el adaptado por fuera y el original por dentro.

« Todo el mundo nace como un original, pero la mayoría muere como una copia »
Max Stirner , filósofo alemán

Todos los adultos vivimos a diario una doble vida: a) la vida pública que interpretamos con la ayuda del cuerpo y nuestros gestos corporales, que es la que los otros pueden ver y conocen; y b) nuestra vida interior secreta, la cual es nuestra vida genuina y verdadera, porque es la vida espiritual original del alma que Dios nos insufló en el cuerpo.

Del alma surgen nuestros sentimientos, pensamientos, orgullo, vanidad, emociones, fe, amor, esperanza, anhelos, humildad, sufrimientos, tristezas, penas, tormentos, etc, es decir, todas las cualidades y facultades originales que constituyen nuestra existencia y lo que somos de verdad.

La frase al inicio del filósofo Stirner, resume muy bien las consecuencias que trae consigo el largo proceso de crianza, educación y adaptación que recibimos los seres humanos desde la cuna hasta la tumba, primero por nuestros padres, después en las escuelas y finalmente en la sociedad. Durante nuestro desarrollo personal vamos siendo moldeados por la crianza familiar, la educación escolar, las normas sociales y los medios de comunicación, a lo cual terminamos adaptados por obligación.
Venimos a la vida como cera y nos vacían en moldes prefabricados! Por eso es que parecemos ser copias unos de otros, porque nos vestimos igual, nos gusta y comemos lo mismo, vamos a los mismos sitios, nos comportamos igual, tenemos los mismos nombres y las mismas profesiones. Es verdad, sí parecemos copias, PERO solamente en lo exterior y en nuestra vida pública que mostramos a los demás; mientras que en lo interior NO somos copias, allí en nuestra vida espiritual seguimos siendo originales y únicos!
Esto es lo que explica, por qué somos seres adaptados por fuera y originales por dentro.

El alma humana que llevamos dentro y la vida espiritual secreta que vivimos cada día, constituyen la vida verdadera, y precísamente por eso, esa es la vida que más cuenta para Dios y también para nuestra relación personal con Èl.
Es desde lo profundo del alma o espíritu humano, que podemos establecer una relación espiritual íntima con Dios y con Jesucristo su Hijo, quién dijo en su conversación con la mujer samaritana: « Dios es espíritu, los que le adoran, deben adorar en espíritu y en verdad » Juan 4, 24

Recordemos pues de nuevo, que lo que vemos de la gente todos los días, son solamente sus vidas públicas, sus actuaciones y sus apariencias.
Dios sí observa las vidas espirituales de los seres humanos, porque Él es el único que las puede ver. Por esa razón, es que ante Dios no vale ningún fingimiento, ni sirve ninguna actuación corporal nuestra.
Pero el SEÑOR dijo a Samuel: « No mires a su apariencia, ni a lo alto de su estatura, porque lo he desechado; pues Dios ve no como el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el SEÑOR mira el corazón. »
1 Samuel 16, 7

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